viernes, 5 de noviembre de 2010

Un pedazo para ti,

En algún momento tenía que comenzar a ser honesto conmigo mismo. De un día a otro nada cambiará y de la noche a la mañana los milagros no se van a dar. Quiero algo en mi vida que sea lo suficientemente valioso como para ser expresado sin miedo ni dudas. Creo creer en lo que siento y deseo, en lo que encuentro en tus palabras y en tus manos. Creo que he logrado admirar cada cosa que haces, cada palabra que dices, grito que mandas al aire y lagrimas secas que se llevan el brillo de tus soñadores e inconformes ojos. Considero que eres una verdad que vale la pena contar, una historia que merece seguir desarrollándose. Confieso que en un instante he querido aferrarme a lo que dices, a tu tono al decir lo que dices, al color del viento que inhalas al perder el aliento. Confieso que no me siento volando como suelen estar los enamorados. Me siento en tierra como debió ser desde un comienzo. Siento que estoy acá, que pertenezco a algo, que no estoy soñando ni recordando, simplemente me es suficiente estar contigo. Para sorpresa mía siento que nada me falta, realmente sonrío sin ocultarlo, río confiado de que reirás conmigo. Lloro confiado de que llorarás por mi. Sé que estás no son palabras que suelo decir, sé que mis ojos nunca brillan de esta forma y que usualmente no tiemblo ante una cercanía tan común. No sé que persona soy en el momento de estar contigo, es decir, me desconozco por el hecho de sentirme seguro y alegre, pero en el fondo sé quien soy y sé que si me siento de esta forma es porque tu también lo sabes. Estas son solo palabras que espero no suenen baratas, sé que lo son, son tediosas y de cajón, lo sé. Simplemente trato de manejar un nuevo sentimiento al cual le tengo que decir la verdad. De mentiras no he vivido pero negándome verdades si he dejado de vivir. Así que a la espera de un milagro, acá se quedan mis palabras, mis letras y un pedazo de mi noche. Si esto no lo explica entonces una vez más me equivoqué.

martes, 27 de julio de 2010

"Hello Stranger"

Puede que una nube este muy lejos o que el sol nunca llegue a tocar. Puede que en mis sueños te vea y que de repente todo se torne oscuro al despertar. Puede ser que el viento sople tan fuerte que desgarre de mí tus caricias y puede que la lluvia desprenda de mi todo lo que un día pudo ser nuestro. Eres alguien que no existe, alguien que no conozco y que tal vez nunca llegue a conocer. Eres sin saberlo el aliento forzado que tomo cada mañana. Eres sin conocerte el día y la noche. El Sol y la Luna. El cuelo y el infierno. Sin habernos encontrado te encontré en mis llantos, te encontré en mis silencios y en la vacuidad de mis gritos. Sin haberme conocido te reconozco en nubes oscuras y charcos indefinidos. Te reconozco en mis palabras, en mi voz y en mis suspiros. Puede que nunca leas lo que digo, puede que no sepas que alguien ha escrito por ti, llorado por ti, amado gracias a ti. Sin saber tu nombre lo invento para llamar así al amor. Sin conocer tu cara la imagino para acariciarla. Sin haber escuchado tu voz la hago hablarme diariamente. Sin saber quién eres en absoluto, te hago pasión, te hago fidelidad y te hago amor. Sin saber quién eres te hago saber quien soy aun sin yo saberlo. Te hago amarme de la forma en que yo no me he amado aun. Te obligo a acariciarme como nadie lo ha hecho, a sacudirme como un ventarrón nunca podrá. Te invito a cambiar mi vida, a dejar lo otro atrás. Te doy permiso para arreglarme y salvarme. A ti, donde sea que estés, te regalo mis pensamientos y voluntades. Mis defectos y cualidades. Te regalo el odio que guardo y el amor que me reservo. Donde sea que estés, vagando en mis pensamientos o complaciendo otros labios, te doy esta noche, el día de mañana, mis días enteros. Sea quien seas, te espero.

viernes, 9 de julio de 2010

Metro Cuadrado

Voy a contarles en donde estoy. Desde donde estoy veo perspectivas distintas. En cada dirección hay algo nuevo. Si miro atrás me encuentro con letras, conocimiento, información y recuerdos. Me encuentro con vicios, páginas en blanco y con herramientas que me mantienen despierto. Si miro al frente veo desorden, veo avaricia y veo necesidades. Veo lugares vacios y espacios que deberían estar ocupados por algo más. Si miro a mi derecha me encuentro con una inspiradora vacuidad, un lienzo en blanco, un proyecto nuevo, una meta y a la vez un impecable obstáculo. Si miro hacia arriba siento curiosidad, siento desconocidos, historias que invento en mi mente y dramas que no están allí. Si miro hacia abajo me siento perdido, no oigo ni escucho nada, no siento que haya algo allí y por esta razón me veo obligado a mirar a la izquierda. En la izquierda me encuentro con luces, con sueños y retratos, con felicidad y un desorden simpático. A la izquierda suspiro, sueño y añoro mejores tiempos. En esta dirección permanezco con el anhelo de una mañana más transparente, un ayer menos tortuoso y un presente llevadero. Por último está el centro, el confuso centro. Aquí donde me recuesto es donde entiendo todo, donde recuerdo, donde peleo con la incertidumbre de saber si algún día encontrare la respuesta a tantos interrogantes. Desde el centro es desde donde siento, donde lloro y rio, donde suspiro y maldigo respectivamente los días. Desde acá es desde donde combato mis deseos, mis pensamientos y mis ímpetus de odio. Desde acá es desde donde defino como mirar, hacia donde mirar y porque. En el centro sigo sin saber nada, sigo sin ser nadie y seguiré siendo uno hoy y otro mañana. Mire a donde mire, haga lo que haga, aquí es donde descansan mis sueños, mis alegrías y tristezas. Puede parecer absurdo y me dirán loco, pero sí, todo esto y más cabe en mi habitación.

martes, 6 de julio de 2010

Mis amigos y la noche.

No se que hago sentado, no veo la necesidad de esperar a que el sol caiga para dejar de fingir. No se porque confundo mi soledad con tu ausencia, mi soledad no es tu ausencia, mi soledad es mi vida, siempre lo ha sido. Siempre pegada a mí como una sanguijuela hambrienta e insaciable. Los colores del atardecer me devuelven la esperanza, la misma que se esfuma poco a poco al caer el sol. La misma que desaparece cuando tus recuerdos vuelven a mi mente, mi mente que sigue concentrada en esos colores y en mi amada soledad.

Finalmente ha caído el sol. Llega la noche, la profunda y cómoda noche. Cuando los pecados caminan por las calles abarrotadas de pensamientos lujuriosos, de vicios, de sed, de llanto, gritos y gemidos alocados y silenciados por la noche. Cuando comienzo a ser yo, cuando puedo ahogar mis gritos. Es en la oscuridad cuando la culpa no es un azote, sino mi amiga, una vez más. Es la Culpa, la Avaricia, la Codicia mi grupo de estrategas, mi compañía mientras camino leyendo en los ojos de las asquerosas personas sus muchos pensamientos repugnantes. La maldad, el odio, el deseo, el hambre, compasión, celos. Es simplemente despreciable sentir como trabajan sus mentes. Es totalmente desagradable ver, oír y sentir que el carbón que mueve la vida de estos cerdos son estos sentimientos desaforados, ver como el ocio invade a las personas, sentir como los cuchillos atraviesan mi pecho al conoce como funciona el mundo.

La noche es cómplice de esta desatada caja de Pandora, la noche invita al pecado, me invita a bailar y saltar con mis cómplices, a pecar una vez mas, a emborrachar mis sentidos, aumentar mis culpas, a sentirme vivo. Finalmente acomodo a Culpa, a Avarica y Codicia en una mesa, solos. Una mesa sucia, el sitio ni hablar. No espero más, no merezco más. Ni yo ni mis colegas. Hablo con ellos. Las "personas" en el lugar me miran de reojo y secretamente critican a la única mente en ese lugar que funciona correctamente. Que digan lo que quieran, yo estoy en lo mío. Logra llamar mi atención el noticiero de las 10pm, pero como siempre no hay nada nuevo. Nada que no haya visto en el de la semana pasada. Políticos corruptos, muertes, violaciones, mal clima, deportes que ni me interesan y por ultimo chismes y maricadas de gente que es aun mas repugnante que mis amigos, cualquiera de este sitio o inclusive yo. No pretendo durar mucho en este sitio, mis colegas van a donde voy, lo cual es una ventaja de ser como soy. No dependo de nadie y siempre estoy acompañado por mis amigos, o por mi amada soledad. Pido cinco cervezas, Lujuria no demora en llegar. Ninguno quiere tomar, las excusas de siempre, dolor de cabeza, trabajo, dinero, dinero, dinero. Me tomo sin prisa mi cerveza, junto con la de ellos. Lujuria llega justo cuando vamos saliendo. Culpa se despide prometiendo volver en la mañana.

Solo quedamos cuatro. Aprovecho la compañía y camino por las calles ilegales, las calles donde los pecados caminan de la mano, uno al lado de otro, mezclándose y dañando las mentes aun más perversas que las calles. Decido adentrarme en un callejón, un callejón ya familiar para ser honesto. Una mujer me sonríe, es de estatura promedio, trigueña, sonrisa encantadora, labios deseables y con ella un deseo indescriptible. Lujuria me acerca a ella, la aprueba. Codicia y Avaricia me señalan dos mujeres mas, igual o mas hermosas que la anterior. Me convencen. De pronto me siento flotando, levitando, caminando, no lo se. Ahora somos siete en una habitación. Rápido y apasionadamente me despojo de mis harapos mientras pienso en lo que Culpa se esta perdiendo. Estoy tendido en una cama no muy grande, sofocado por mis tres acompañantes que me insultan, gimen y desean brutalmente mientras mis amigos gozan observando como estoy de satisfecho y excitado al seguir sus consejos, sus ordenes. Se ven incluso mas extasiados que yo. Pasan casi dos horas de sudor, gritos, posiciones y orgasmos. Me siento ya cansado por no decir más que satisfecho. Saco unos cuantos billetes de mis pantalones que están en el piso sucio, me visto rápidamente y salgo sosteniéndome en mis sonrientes amigos y agradeciéndole a esas putas por los momentos previos.

Me hallo desubicado, no se donde estoy ni que hacer, son alrededor de las 3 de la madrugada y decido tomar un taxi, me despido de mis amigos efusivamente. Llego a mi casa, me desvisto totalmente, dedico un buen tiempo a bañarme y a meditar. Como un puñal vuelve tu imagen a mi mente, te recuerdo una vez mas, te odio y te deseo de una forma desesperada, como siempre lo he hecho. Salgo de la ducha, miro la ciudad pútrida que se asoma por mi ventana, pienso nuevamente en los animales, los cerdos que la habitan, cierro los ojos y me dejo caer sobre la cama, un espiral de pensamientos y recuerdos marean mi mente, siento como mi vida pasa en un segundo, pienso en ti, como lo hago día a día, noche tras noche. Después de un tiempo y entre mis tormentosos pensamientos logro dormir. Me levanto cansado, mareado, alguien llama a la puerta. A golpes abro, son dos. Mí cumplido amigo Culpa y mi infinita, eterna y amada Soledad.

Estaciones del día.

Hay un momento crucial en cada día de nuestras vidas en el que debemos evaluar lo que hemos hecho hasta el momento para procurar nuestro bienestar y el de las personas con las que compartimos. Es un momento que se da entre la melancolía de querer más y la ira de no saber qué es lo que hacemos levantándonos cada día esperando lo mejor. En cuestión de segundos se puede forjar un sentimiento, se puede desarrollar un camino y llevar a cabo una acción determinada. No todos los días se es la misma persona, no siempre una palabra nos hace levitar y casi nunca se ve que la alegría sea una constante inquebrantable. No siempre un suspiro significa lo mismo, no siempre una sonrisa es legítima y muy pocas veces las palabras que queremos decir son expresadas por miedo al rechazo, a la burla o simplemente a ser ignoradas. Hay un momento en cada día en el cual sentimos que el mundo se viene al piso y con este se esfuman las ilusiones y versos que pudimos haber creado. Hay otro momento en el que el peso del mundo es insignificante y en el que un susurro es suficiente para hacernos sentir capaces de algo inimaginable. Hay otra estancia en la cual no somos nada, no sentimos nada. El mundo, como sea que venga, lo vemos pasar frente a nosotros y la importancia que le damos es nula. Los sentimientos se han mermado y disipado a causa de algún factor determinado y simplemente somos esclavos de lo que venga, de un destino desconocido y a la vez irrelevante. Existe un lapso en el que los sentimientos se apoderan de nuestro cuerpo, de nuestros movimientos e inclusive de nuestra voz. Es algo incontrolable e inquietante ya que a medida que transcurren las horas del día nos vemos en un escenario distinto más a menudo de lo normal. Nos dejamos llevar por lo que creemos correcto en el momento, por irracional que sea o por imprudente que sea, vociferamos palabras y gritamos promesas al viento. En un momento juramos amor eterno y al otro lo eterno es el arrepentimiento y un karma que probablemente nos merecemos. Así como la vida, cada día tiene fases, momentos sellados individualmente de otros. Acciones y pensamientos distintos. Sonrisas y promesas cambiantes. Amor y odio mezclados en un abrazo apasionado de caricias y golpes. Sangre y lágrimas queriendo ser uno. Un yo y otro yo soñando con fusionarse. Cada día, cada momento y cada palabra son cruciales al momento de evaluar lo que está bien o está mal. Cada escenario es una prueba. Cada obstáculo un reto justamente impuesto. Y cada caída, el karma indiscutible que debemos cargar por no haber entendido antes que la vida, sus minutos, horas y días, son solo cuestión de una vez.