miércoles, 24 de agosto de 2011

"Con los pies en la tierra y las alas en la cabeza"

Siempre me resguardé diciendo que no tenía mucho que decir acerca de esa persona. Siempre evité hablar de aquel que sin hacer mucho esfuerzo inspira cada una de mis palabras. Buenas o malas, son palabras que salen de mi corazón por una persona determinada, a veces existe, a veces es solo una idea, a veces es viento, a veces es nube, pero casi siempre, logro encontrarla en un beso. Siempre tendré en la garganta estancados pensamientos que no he tenido el valor de compartir fácilmente. No he podido crecer de manera sentimental de la forma en que he querido ya que nunca he sentido que haya un amor que valga la pena alcanzar, siempre mantengo mis pies en la tierra creyendo que el amor es plano, que está aferrado a la tierra y que como las raíces de un árbol depende del suelo para poder crecer cada vez más. Pero no, hoy todo es distinto, hoy un árbol puede crecer por encima de mi cabeza, lo digo así, porque así lo siento.
Hoy todo tiene la incoherencia necesaria para darle coherencia a mi vida que hasta ahora pienso que ha tenido todo menos sentido. No siento el mismo miedo porque no veo razón alguna para sentirlo, no veo que mis escudos se sobrepongan ante mis deseos, no veo murallas construyéndose alrededor de mis palabras hacía el, ni tampoco veo defensas porque simplemente no preveo ataque alguno. No tengo nada porque re direccioné mi 'todo' a su mirada. No estoy vacío, mucho menos muerto, tampoco estoy vivo y no quiero estarlo si eso significa bajar de este limbo en el que envolví mi cuerpo. No quiero bajar de acá si el suelo sigue siendo tan firme y tan duro como lo dejé. No quiero tierra pudiendo tener este único cielo.
Hay un momento del día en el que las máscaras son simplemente inútiles, hay un instante en el que es estúpido usar un antifaz cuando lo único que deseas es desnudarle tu alma al mundo y permitir que éste vea todo lo que te has guardado, todo lo que le has negado por tanto tiempo, todo lo que tus miedos disfrazaron con sonrisas hipócritas y con abrazos insignificantes. Muestra esa sonrisa que ilumina el rostro de cualquiera, esos ojos que no son conocidos ante los demás, esas manos que se aferran a tu felicidad como nada nunca lo había hecho. Él y yo nos instalamos como ermitaños en montañas de nubes coloreadas con un naranja brillante y un fucsia atrevido que se posó en nuestros ojos para ser partícipes del abrazo de sentimientos que vivimos por un efímero momento, momento que permaneció por siempre en la mente del otro. Cada segundo que pasaba era un retrato a la perfección, la desembocadura de deseos alguna vez marchitos por el dolor, oxidados de rabia que al encuentro con su boca desapareció, se esfumó, con ella se fue el rencor a la vida y los pasos dados en vano.
Son esos días en los que no quiero saber del tiempo, no quiero horas, minutos ni segundos que me recuerden que cada que la manija del reloj avanza, es un momento más en el que no estoy viviendo a su lado. Cada paso es difícil al no sentirlo al lado caminando, simplemente estando presente, con una palabra, una caricia o un beso que me recuerden que lo adoro, que lo tengo y que en este momento, inevitablemente, lo necesito y extraño. Le grito al tiempo que corra más rápido y más lento en el instante en que lo vuelva a ver.
Extráñalo y desearlo solo me llevan a quererlo más, a hacerlo, cada día que pasa, una parte más grande y vital de mi cuerpo, de mi vida y de este corazón que un día en especial se agiganto al encuentro con lo profundo de sus ojos. Unos ojos en los que me perdí, donde me perdí pero no me siento desubicado, por el contrario, me encontré, me encontré con la felicidad, con unas pupilas que sin tener la capacidad de hablar le gritaron a mis ojos que no tengo porque volver a cerrar mi vista a la vida ni al mundo; que ahora, sin saberlo y sin haberme dado cuenta, se tornó en todo un nuevo planeta, donde tus manos sobre las mías son toda la gravedad que necesito para permanecer ‘con los pies en la tierra y las alas en la cabeza’. Los pies tocando ese planeta que creamos y con las alas volando hacía ese futuro al cual me aferro como el único sueño que quiero llevar a cabo, el momento cumbre de mi vida que se da en mi cabeza, con lágrimas en los ojos y anhelos inquebrantables de sostener mi mirada sobre su espalda por el resto de mis días.
Está en mi cabeza, volando en ella. Lo necesitas tanto como yo lo necesito, como La Luna necesita la oscuridad para brillar, como las hojas necesitan del Sol para florecer y del viento para caer, de la primavera para renacer y del verano para brillar. No necesito palabras, no necesito tiempo, lo necesito a él. No necesito sus manos, no necesito su cuerpo, lo necesito solo a él y lo que tenerlo representa. Necesito esa totalidad de sus defectos, de sus cualidades, de sus lágrimas y sus sollozos, necesito la vida que complementó la parte oxidada de la mía, necesito que el conjunto de su amor rellene el vacío del que ya no queda casi nada. Sentado aquí bajo esta luna solo se me ocurre pensarlo, anhelarlo y creer en él, en sus palabras en mi oído, en sus palabras, en sus ojos, en sus promesas tatuadas en mi cuerpo con esa tinta indeleble que usó a través de sus besos. Necesito que el tiempo pase lento, que al encuentro con su cuerpo los minutos sean horas, que en el idilio de nuestro amor las palabras se resuman en sudores, suspiros, gemidos y gritos que me digan que ahora y siempre necesitará ese calor, ese movimiento en el que le digo con mi alma que me estoy grabando en su corazón, que estoy metiéndome en su alma, haciéndome dueño de ella, de sus pensamientos, de su vida, de sus momentos solitarios, de sus momentos de alegría y de lamentos. Necesito que su cuerpo se aferre al mío, que sus manos acaricien mis rincones oscuros y que le dé luz a esas partes que necesitan de su Sol, de sus rayos, de sus colores y sus sabores. Quiero sus labios dibujando nubes en mi espalda, contando lunares inexistentes como excusa para quedarse pegado a mí, contando cicatrices que sin darse cuenta ya no duelen, ya no existen, ya no son gracias a que el sí es.  Ya dejaron de existir sólo porque el comenzó a hacerlo. Nació en mis días, en mi vida y en mi cuerpo. Nació en mis mañanas frías y en mis noches aletargadas mirando un cielo vacío de destellos pero lleno de estrellas, naciste en mis momentos tristes, en mis momentos felices, en esa felicidad que no podía compartir porque no había cómo compartirla. El viento, a pesar de ser constante, no es receptor de mis palabras, no permanece para escuchar mis lamentos, no se estanca en mi soledad como él lo hizo, no la elimina, no la suprime, no la mató como con sus besos la arrancó él de este cuerpo que ya no me pertenece, ni a mí ni a este planeta, le pertenece a él en este mundo que es solo nuestro.
Se ha quedado y no quiero que eso cambie, lo necesito en todos mis días, en todas mis noches, en cada paso, en cada lamento que le reclamo a La Luna, en cada segundo efímero de felicidad en el que su cara pasa por mi mente y si no le tengo al lado una brisa se encarga de decirme que todo está bien, que su mano acompaña la mía, que no estoy solo, que ya no necesito descansar mi cabeza en pisos inseguros, en almohadas de malas hierbas, en lechos de mentiras y manojos de desilusiones. Hoy puedo descansar sobre su cuerpo, sobre esas líneas que se dibujan en su cara cuando sonríes, sobre lo húmedo de sus lágrimas cuando le prometo un mundo perfecto, sobre lo mojado de su cuerpo cuando en un abrazo interminable y apasionado me dice que la perfección se posó en nuestras vidas, que la felicidad nunca había sido así de sencilla, así de simple. Hoy, si ya no lo hice, quiero dejar mi corazón en su pecho, mis palabras en su boca, mi aire en sus pulmones. Hoy quiero ser parte de él, unirme a su cuerpo como nunca me he unido a nada. Unirme a su vida, a sus pasos, caminar con él o dentro de él.
Hoy quiero que los momentos se hagan eternos, que la vida dure lo que dure la suya, que la felicidad sea la que es la suya, que el dolor no se aparezca nunca en este, nuestro cuerpo. Quiero que el mundo sea testigo de que los valores de antaño aún persisten, que la fidelidad se puede lograr en el mundo moderno, que la vulnerabilidad ya no es problema si de escudo tienes tu corazón, protegiéndote de todo. El mundo verá que los ojos nunca brillarán tan fuerte, que las manos nunca se habían sostenido con tal fuerza, que los momentos vividos se han ido guardando y atesorando, que los minutos dejaron de pasar cuando uno encontró al otro, cuando se logró esa fusión de deseos olvidados y reencontrados en la mirada de alguien más, cuando los miedos se desvanecieron en caricias, en besos, en horas interminables de pasión en la que la confianza y el amor se las arreglaron para darnos felicidad, horas en las que un rayo de luz podría iluminar mil habitaciones y aun así seguirían los cuerpos desnudos ante un mundo prejuicioso y retrograda, horas en las que las yemas de los dedos juegan el papel de ser tinta sobre el papel de un cuerpo, segundos eternos donde los besos son verdugos de preocupaciones, homicidas de el paso de los días y el dolor de la distancia inevitable.
Sin mirar voy dando pasos hacia ti, sin preguntar me voy adentrando en su vida, sin desconfiar del mundo voy vendado por la confianza que tengo en sus promesas. Voy despacio para vivir cada momento que la vida me pueda regalar junto a él. Voy cuidadoso de no dar un mal paso porque no pienso dejarnos caer, voy minucioso porque cada detalle es un sentimiento que aflora en el antes marchito corazón en mi pecho, voy de a poco porque de a poco lo quise, de a poco lo adoro y de a poco lo amaré más que en este momento, más que en estos pasos. Sin tener miedo me recuesto en los planes que pinta en nuestro cielo, en el futuro que dibuja en el aire que nos rodea, en los colores que inventamos para reconstruir nuestros cuerpos, en los trazos que damos con las manos juntas, nunca separadas, nunca aburridas, nunca indeseadas.
Nunca pensé que mi vida fuera a dar este giro, fue en cuestión de segundos que mis pasos en su vida se hicieron huellas en mi pecho. Nunca sentí que la vida podría llegar a cambiar, el día a día de mi vida se veía atacado por las desilusiones de siempre y la monotonía de un horario que yo no programé para vivir, de momentos que yo no quise pero que aun así recuerdo porque gracias a ellos es que comencé a encaminarme al encuentro con mi presente, un presente que quiero volver futuro, un futuro que sueño y planeo cómo si no hubiera otra forma de hacerlo, como si no hubieran más caminos, porque en realidad no los quiero. De alguna manera tocar con mi corazón sus ojos fue algo que me dijo que ya lo conocía, que lo estaba esperando, que me estaba preparando para darle espacio en mi corazón, que las partes de él que cayeron lo hicieron solo para darle camino a sus besos, a su mirada, a su cuerpo anexo totalmente al mío, a ese instante en el que supe, sin saberlo, que lo quería a él, que lo necesitaba a él, que le pertenezco desde siempre, que lo extrañé toda la vida y que ahora, viviendo a su lado, no puedo vivir de otra manera.
Con la convicción con la que nunca he hecho algo, se lo regalo todo a él, cada momento, cada suspiro, cada caricia y cada lágrima la deposito en sus brazos. Con la sinceridad con la que nunca he dicho algo, se lo digo todo a él, le regalo a él estas palabras, le doy a él mis errores y mis defectos, mis virtudes, mis sueños, mi cuerpo y todo lo que este represente para su mirada. Con la sencillez de mis palabras le digo al mundo que es mi universo, con la simplicidad de mi cuerpo le digo a las estrellas que me siento grande a su lado. Con el miedo más grande y a la vez el más pequeño, le entrego mi vida en este texto, le entrego todo lo que he sido hasta hoy, todo lo que soy y todo lo que quiero ser sosteniendo por siempre su mano. Con los ojos saliéndose de sus cuencas, con el corazón saliéndose del pecho y mis piernas queriendo correr hacia él, le regalo esto, aquello, lo otro, lo demás, lo que tengo y lo que no, lo de allá, lo de acá, lo de adentro y lo de afuera, lo que es suyo y lo que es mío. Todo es suyo, hoy y siempre.

sábado, 21 de mayo de 2011

Primero tu, después los segundos.

Eran las 7 de la noche, habíamos dormido toda la tarde y me encontré con tus ojos examinando mi alma al momento exacto en que abrí los míos. Siempre me pregunté que veían tus ojos dentro de lo míos, estos ojos cafés que no tienen nada del otro mundo, rasgados y pequeños debido a lo poco que necesitan ver teniéndote en frente. Poco es lo que necesita abarcar mi mirada si en ella cabe lo profundo de la tuya, de la tuya y la mía siendo una sola, eterna y especial como pocas lo son. Sincera y transparente de cualquier forma posible. Tomo tus manos y las acaricio cómo si el mundo se fuera a acabar, cómo si este momento fuera el ultimo que alguna vez fuera a vivir, como lo único que quisiera vivir de saber que la vida se terminará al apartar tu cuerpo del mío, tu corazón de mi corazón, nuestros cuerpos unificados para siempre a través de un lazo invisible que solo tu mano y la mía conocen. Recorro tu cuerpo con mis labios, tratando así de grabar en mi cabeza cada defecto, cada característica específica que te hace ser quien eres, que te hace ser esa persona por la cual entregaría hasta la última de mis palabras con tal de tener el último de tus suspiros.

Recorriendo tu cuerpo me encuentro con eso que busqué toda mi vida, las lagrimas son inevitables, la felicidad también lo es, no puedo evitar derramarlas sobre tu ombligo, depositando allí el pasado que siempre quise enterrar en algún lugar y que finalmente deposite en tu cuerpo, en tus caricias y en tu forma de hacerme sentir que hoy, aquí y ahora, nací nuevamente para ser feliz, nací nuevamente para estar a tu lado y mudarme al interior de tu cuerpo donde la fortaleza de quererte es más fuerte que cualquier blindaje comercial. Tu cuerpo, tan fuerte y tan débil a la vez, es una intriga total a mis sentidos, mis palabras se adhieren a tus poros y hacen de tu cuerpo un poema inmortal, hacen de nuestra forma de tocarnos una antología de sentimientos y canciones que no se han escrito aun, hacen que esta fusión de caricias sea algo más que una noche bajo las sabanas, hace que este sea un mundo paralelo donde vivir sin ti no es una opción, donde vivir por ti es lo que respiro, lo que como, lo que le da vida a este cuerpo flotante que se encontró contigo divagando en cielos turbulentos del pasado, en tormentas de miedos y debilidades que solo se apaciguaron al encuentro con tu mirada.

Sin darme cuenta había pasado ya un minuto, tan solo un minuto, eran las 7:01 de la noche y la eternidad aun asi parecía imposible, un minuto pasó como un milenio pero de igual manera, no era suficiente, te quiero para siempre, te quiero en la eternidad de los besos que solo tu sabes dar, te quiero en la eternidad que solo tus palabras bajo mi oídos saben explicar. Te quiero de formas que nadie entendería porque nadie entiende algo que no se pueda argumentar, no puedo decir porque te quiero si quererte no es algo que algún poeta haya dicho en alguno de sus veros, quererte no está en el acorde de ninguna canción ni en sonetos de Neruda, quererte a ti no es un amor que este planeta conozca y por eso te pido, te ruego y me arrodillo ante tus pies para que me dejes caer contigo en algún otro planeta, en un mundo alejado de ese mundo que ya nos hizo daño, de ese ayer que no cabe en este hoy ni en el futuro mañana. Te pido que dejes tu equipaje a un lado, que dejes tus miedos junto con los míos en la torre más alta donde ningún príncipe pueda rescatarlos, donde ningún explorador se atreva a ir, donde simplemente se extingan con tus lagrimas de desamor y tu pavor a no saber volar. A no querer saltar al vacio y sentir que así no tengas alas, me tienes a mí y en el fondo, así ya sea tarde, encontraremos alas nuevas, espacios nuevos, ráfagas nuevas para seguir volando.

Me resulta fascinante ver como el tiempo se va entre tus huellas dactilares de una forma tan amenazante, se va como se van pocas cosas en la vida, lentamente. Se va como si no quisiera irse, como si cada segundo le doliera al mismo Chronos, cómo si cada instante fuera un puñal que deja una marca en la historia, en nuestra historia. El tiempo no se recupera pero los recuerdos lo son todo para aquel que vive enamorado de la historia de dos que hace que el mundo en sí no tenga una historia en absoluto. Voy bajando por tu cuerpo intentando abarcar cada espacio en el, cada grieta del pasado la beso y la sano conforme voy descubriendo las llagas en tu piel, voy sanando heridas que hasta tu desconocías, voy rehabilitando tu cuerpo con mi manos, mis labios y mi aliento, esperando así que tu cuerpo reivindicado con la vida se una al mío que en tus brazos encontró esa salvación que tu sin darte cuenta proveías con tus ojos.

Por un momento vuelvo a mirar el reloj y son las 7:05pm, soy un idiota. Cada momento contigo es un momento eterno, yo pierdo el tiempo mirando la hora, no es justo con tus ojos. No es justo con tu piel que yo malgaste caricias solo pensando en el tiempo que llevamos juntos más no en el tiempo, en el instante, en el momento que estoy contigo, que es este y lo viviré como si las 7:06pm no fuera a existir, cómo si a las 7:08pm se acabará el mundo. No hay minutero que marque la hora para quienes no dependen del tiempo para demostrarse que se quieren, no hay horas, días, segundos suficientes en un calendario para aquellos que saben que lo más eterno del mundo no está en un reloj dañado, está en una mirada fija en otra, en unas manos envueltas en otras dándole a la vida una nueva forma de ver el tiempo, de caminar en los segundos, de flotar en minutos que ya no son nada porque después de tocar el corazón de alguien más, no hay tiempo, no hay espacio, no hay nada. Solo una vacuidad que logran llenar tus besos, tus caricias, esas palabras que se resbalan por mi cuerpo dándole el éxtasis que nunca imaginó. Solo existen gritos ahogados con otros gritos, historias de amor en cada exhalación de aire, momentos que se vuelven eternos debido a esos besos que solo terminan cuando el tiempo empieza a correr de nuevo, ósea nunca.

viernes, 22 de abril de 2011

4:21

Les voy a contar cómo olvidé mi pasado. Brevemente les diré de qué manera fue que olvidé mi vida en La Tierra y me instalé donde nunca pensé poder vivir una vida tan cómoda. Todo fue un giro afortunado que dio mi vida, todo lo monocromático se fue diluyendo y pintando de nuevo. Todo lo muerto fue renaciendo de cenizas que el viento nunca se llevó, todo lo que creía inútil se tornó en esto que ahora a pesar de solo tener una función, lo es todo. El destino no es algo en lo que crea, no es algo tangible por lo cual para mi no era algo creíble tampoco. El destino es para soñadores, poetas, amores eternos y profetas desocupados. Por lo menos eso pensaba hasta que el mismo destino me encontró a mi y me hizo creer ciegamente en que dos caminos están previamente nombrados por una fuerza mayor, una fuerza desconocida a la que hoy le debo más de una sonrisa, más de un suspiro y más de una palabra transcrita en beso. Todo pasó muy rápido, todo fue sin darme cuenta, los sentimientos enjaulados encontraron la forma de escapar y todos se fueron corriendo al encuentro con tus manos, se posaron en tus ojos, los inhalaste de mis suspiros y se adueñaron de todo eso que ya daba por perdido.

De un momento a otro el mundo se hizo poco, se hizo insuficiente para comenzar a explicarte con metáforas lo extenso y lo fuerte que resulta quererte. No sé qué es lo que encontró m mano en la tuya, no sé porqué mis ojos no dejan de mirarte, desconozco mis palabras pero sé que son por t, no comprendo ni recuerdo mi pasado porque ya solo miro dentro de tus ojos, ahí veo mi futuro y ahí es donde instalo mi cuerpo. Instalé mi vida ahí donde la encuentro toda, ahí donde tiene sentido morir si es el caso, ahí es donde se refleja el resplandor de La Luna, esa luna que compartimos más de una vez, esa luna que me recuerda que lo que siento no tiene pies en La Tierra, que lo que siento va más allá de promesas insulsas, más allá de retos impuestos por ese amor promedio que crean los libros. Todo va más allá y todo lo encuentro en tu mirada y en el reflejo de mis ojos ilusionados con un futuro que solo lo visualizo contigo de la mano. De un futuro incierto que nadie puede asegurar, un futuro al que honestamente le tengo miedo. A pesar de haber enterrado mis mayores temores lo único que en verdad me descompone es la idea de perder ese mundo que construí en ese espacio pequeño que hay cuando dejo de besarte, ese espacio diminuto entre tus ojos y los míos. Ese campito de aire que separa tu pecho del mío, esa carne y esos huesos que impiden que tu corazón y el mío se abracen directamente. El miedo de perderte no se compara con la alegría de tenerte, de sentir ese ‘para siempre’ que encontré en tus ojos la primera vez que mire en lo profundo de ese océano de miel oscuro. La primera vez que sentí que la distancia dolería, la primera vez que noté que algunas de mis piezas rotas encajaban con unas de las tuyas, que el azul del cielo se veía mejor en lo oscuro de sus ojos. Que la vida daba un vuelco que no esperaba y que sigue sorprendiéndome de manera que nunca pensé.

Explicarlo resulta inútil porque no hay mucho que decir, las palabras son poco cuando las miradas hablan por sí solas, cuando las manos tienen entre si toda una historia que contar, toda una antología de momentos irrepetibles, inolvidables y todos y cada uno de ellos cargados con ese sentimiento tan ajeno a mí, tan intruso pero tan benéfico, como insalubre de formas completamente placenteras. La forma de decirle lo que siento no es como imaginaba decírsela a ese ser al que llegaría a querer tanto, no pensaba llegar a darle vida a tantas cosas en el mundo que deben permanecer muertas, no pensaba darle vida a nada, el pasado vivido solo mató el presente y el futuro que creía tener, el pasado solo dejaba dudad y miedos que poco a poco, en suspiros, se fueron disipando y con el tiempo ya no había pared alguna, ya no había miedo, ya no había nada que no me gustara, solo su ausencia. Solo ese momento en el que se le dice adiós a eso que te complemente, el momento de soltar su mano y con ella dejar un pedazo de ti cada vez. La ausencia puede doler, pero no tanto como duele la idea de que el ‘para siempre’ sea el ‘sin ti’ y el ‘nunca’ sea ‘contigo’.

Estar lejos es eso que me desvela en la noche, estar lejos es no saber el porqué del vacío que se hace en mis labios, en mis palabras, en cada paso que doy sin sentir que lo estoy dando para acércamele, estar lejos es sentir que mis ojos no logran ver las cicatrices en el cuerpo que te recuerda un pasado al que le tienes miedo, estar lejos es no escuchar esos silencios que tanto ruido hacen cuando te extraño, estar lejos es tan nocivo como perderte en un futuro que no logro divisar. La distancia la resumo en versos, en canciones que al reencontrarnos cantaré a tu oído, canciones que en las noches acompañan la sinfonía de sentimientos que emergen de mi cuerpo y solo logro desahogar en palabras, en gritos callados, en lagrimas pequeñas que a pesar de no ser muchas, son todo. Porque mis ojos no son solo los que te miran, son también los que te extrañan, los que te anhelan más que otra parte de mi cuerpo. Más que mi mano que nunca te quiere dejar ir, más que mi pelo que quiere ser peinado por tus huellas dactilares, más que mi pecho que quiere ser recorrido por tus labios, por tus suspiros calientes que rellenan ese corazón que daba por muerto. Ese corazón inhabitado y ahora monopolizado por tus palabras, por tu mirada y por ese miedo inevitable al futuro que nos atormenta tan ridículamente.

Cada noche, por no decir todo el día, tengo un nuevo sueño, es decir, ya no hay pesadillas, todo se fue en algún momento y me pregunto ¿cómo es que lo logré?, ¿cómo mis miedos nocturnos se transformaron solo en visualizar su cara? ¿Cómo dejó la noche de atormentarme a tal punto de querer vivirlas todas contigo? ¿Cómo la lluvia dejó de ser problema y pasó a ser el escenario perfecto para vivir contigo? No entiendo, no entiendo en qué momento pasó, no entiendo qué hice o qué hiciste para llegar, para quedarte y para nunca ser olvidado. No sé que hizo el tiempo con el pasado pero se lo llevó, lo olvidé, se fue y no volverá porque el pasado no fue nada, solo serán recuerdos, películas de esas que ve la gente para llorar, películas de esas que a pocos les gustan porque a pocos les gusta vivir, así sea en vida ajena, un sentimiento tan cruel e injusto. Un pasado que logré enterrar, que tus manos ayudaron a sepultar en lo más profundo del olvido, ese pasado al que mis ojos se cerraron para poder abrirlos a este presente, este presente nuestro donde el único dolor que se siente es el de dejar tu mano fría en las noches, dejar tu pecho desprotegido cuando sientes que algo falta, dejar tus orejas vacías cuando le hacen falta que mi voz te diga en un susurro que ahí estoy a tu lado y que ahí seguiré el tiempo necesario. Ese tiempo que quiere dejar de ser tiempo para dejar de pasar, para congelar esa tarde perfecta, esa noche bajo nubes, estrellas y una Luna que no cualquiera puede regalar, una Luna reflejada en el agua que bañará todos esos errores del pasado, agua que se llevará con la más basta de las corrientes los más impetuosos y desgarradores sentimientos protagonistas del pasado. Ese pasado que ya ni es pasado, ya no es tiempo, ya no es recuerdo, ya no es nada, ya todo es futuro y todo lo encuentro en ese cielo que no canso de mirar, en esa silueta que cubre la Luna para encontrarme ahora con tu pecho, en esa silueta que representa el eclipse que le hago al dolor, la espalda que le doy a la vida que no me marcó de ninguna buena manera, a la patada que le doy a lo de antes y a las patadas que te doy a ti ahora.

domingo, 20 de marzo de 2011

Insomnio idílico.

Me desperté después de un sueño inquietante. Estuve ahí estupefacto gran parte de la noche y no lograba redireccionar mis pensamientos hacia algo que no fuera ese terror indeleble. Prendí uno de esos cigarrillos que viene cargados de arrepentimiento, uno de esos que ya no se ven, que no se sienten como deberían, pero que hacen su labor como ninguna otra droga. Me sentí en un shock emocional, un ímpetu de sentimientos arrasó con lo que quedaba de la noche, una noche larga, tediosa e incomoda, como todas o al menos muchas de mis noches. No sentía el cuerpo pero si el alma. Mi alma inquieta, mi alma desgarrada de mi cuerpo pecaminoso y equivocado. Tengo en mi mente imágenes que van y vienen como todo en mi vida. Tengo la cabeza ahogada de las miradas que no supe sofocar en el momento oportuno. Siento que las palabras se abrazan a mi cuello y lo asfixian al punto de no poder gritar y simplemente termino siendo un vasallo de la noche que se empeña en ser todo eso a lo que le he tenido miedo. Me esfuerzo por salir del estado en el que estoy, tengo más de una cosa por hacer pero miles de motivos erróneos para no darme cuenta de que lo que hago lo hago mal, que la razón debería serlo todo, pero es todo lo que no quiero. No quiero tener razón, no quiero ver tus verdades convertidas en las mentiras que sé que son. No quiero que los viajes espaciales hayan sido en vano, no quiero pensar por un segundo que el petroleo que mueve mi mundo sea de un espesor tal que no deje que los deseos cumplan su cometido. No quiero las batallas perdidas, pero aun así las pierdo todas. No hay guerra para ganar, solo dilemas inconclusos, miradas hipócritas y palabras que, como todo, se las llevó el despiadado e inevitable viento. No quiero que mi mundo gire entorno a un centro que no sabe en donde quedarse estático, no es un centro en lo absoluto, pero si es un absoluto porque es lo único que tengo.

No sé porque espero que el humo sea la cortina de ese porvenir que no logra ajustarse a mis exigencias, no sé porque siento que mi vida se la está consumiendo ese calor que no deja más que desastres y cenizas de expectativas que solo yo creé, en las que yo solo depositaba una fé ciega, un amor que ya no se conoce porque ya la vida no está hecha para amar sino para gozar. Un amor que logra escaparse de mis manos para posarse en las de un traficante de ilusiones que nunca llegan a desarrollarse en su totalidad, de ilusiones que enamoran, que matan un poco al sentirlas en la boca, al sentir ese sabor amargo que no lo endulza ni los más entregados labios. Nadie se entrega por completo, nada es completo ahora, todos son cómplices al momento de generar la agonía del amor ajeno, todos quieren algo pero no hacen nada por encontrarlo. Dicen que las estrellas se posaron en los ojos de ese ser amado, si así fuera, no dejaría de mirar sus ojos, no habría nada más hermoso en el mundo que no fuera mirar directamente a los ojos y ver que eso que anhelaste toda tu vida mirando al cielo, está justo en frente tuyo. Que las estrellas si lograron encontrar resguardo en la mirada que compartían, el cosmos se hizo presente en su abrazo pero tu mente estaba aun en el cielo, divagando, soñando más, queriendo más, sin reconocer, sin valorar, que el espacio se había hecho carne, carne a la que te aferraste con tus manos arquitectas de sueños rotos.

No logro zafarme de eso que da vueltas en mi cabeza, es algo único a pesar de ser malo en su totalidad, todo lo que veo en mi mente ahora son imágenes borrascosas, sueños que no logran merecer ese nombre porque todo lo que hacen es romper eso que si es merecedor de ser un sueño. Toda ilusión depositada se va, pero todo vuelve a comenzar y es ahí donde la noche comienza a tener sentido, comienzo a escuchar ese silencio de otra manera, de una forma más atenta, escuchar mis pensamientos siempre ha sido algo que me atormenta la vida nocturna, la vida nocturna en soledad. Tengo mi mente plasmada en un vidrio roto, todo se ve diferente, troceado y dividido en esos múltiples habitantes internos, ni siquiera son inquilinos porque no logro deshacerme de ninguno. No son algo de lo que pueda desprenderme y no estoy seguro de querer unir los pedazos porque al hacerlo probablemente mi esencia se vaya con la solución. ¿Y sí la solución resulta poco? No quiero arriesgarme. Le doy a mi entorno una mirada, planeo seguir la noche en vela pero no en vano. No tengo nada que perder porque en esta estancia de mi corta vida siento que no tengo nada lo suficientemente valioso como para considerarlo en riesgo de perderse. Levanto mi cara queriendo llegar a ese limbo sentimental en el que deje a mis ilusiones encerradas, donde deje mis sentimientos amordazados e inhabilitados de todo contacto exterior. Subo a ese sitio donde dejé esa parte de mi que se equivocaba más de lo que acertaba pero que en el proceso logró más que este cuerpo tan ajeno a la vida, a sentir y a hacerse sentir. No lo dudo ni un segundo porque pensar no está en mis planes de esta noche. Apago el cigarrillo, prendo una vela y me siento en otra época, una época donde siento que los sentimientos aun valían los esfuerzos, el dolor, el deseo y las ganas de hacer a una persona tuya para siempre. Abro esa caja de Pandora que sé que desatará miles de vivencias, que soltará mentiras, soltará verdades y atrapara nuevas ilusiones. Tengo claro que el riesgo es mucho pero también sé que mis ganas de ser algo más que esto logran arrasar con los miedos y mirar directo a esa Luna que me dice con su brillo que un intento más no será suficiente, que ella aunque lo ve todo, no sabe nada. Me dirá que siempre tendré su compañía y que escuchará los aullidos de este lobo que decidí alimentar con lo mejor que tengo para ofrecer.

El Sol comienza a salir y con el la incertidumbre de las consecuencias de mi acto demente. Comienzo el día como todos pero hoy no soy yo, hoy soy distinto y me siento a gusto. Hoy simplemente voy caminando en un día oscuro, el Sol decidió esconderse para mi pero yo sé que está ahí y que sigue alumbrando mi camino, el camino que espero que llegue a otro tipo de luz, una no muy distinta a la del Sol pero si con más sentido, con más brillo. De ese que no me desespera, de ese que no me trae arrepentimientos ni momentos desagradables, es una luz que a decir verdad siempre he buscado y hoy con mis sentimientos vistiendo mi abatido cuerpo estoy dispuesto a encontrar, en cualquier presentación, en una dolorosa, en una tierna, en lo que sea, así sea en los ojos en los que ya no creo, de ahí me agarraré y no me soltaré hasta no sentir que mis manos están hechas polvo, que ya no son manos y sin ser manos ya no tienen como cogerse. Solo así dejaré de sostenerme a eso en lo que estoy dispuesto a verter cada una de las gotas de sentimiento que emane mi ilusionado corazón. Es inevitable no pensar mientras camino bajo este cielo oscuro, me es inevitable no sentir miedo, de esos miedos que se interponen con tu alegría, de esos que no sabes manejar pero eventualmente superas, quitas de tu camino y te encuentras con esa maquina de sonrisas que es esa persona que miras a los ojos y hace que todo tenga sentido, absolutamente todo.

¿Es esta mi nevera de icopor? ¿Es este momento en el que tengo que soltar mi cuerpo y dejar que se cuelgue a tus promesas? ¿Es aquí donde todo lo incoherente logra cobrar sentido? ¿Es aquí donde dejo tu recuerdo? No lo sé, no sé nada, pero aquí no vine a hacer preguntas, aquí no vine en busca de interrogantes, vine por respuestas, vine por ti, por soluciones, por peligros, por desafíos y aventuras increíbles. Vine a conquistar El Mundo, tu mundo. Vine a cambiarte el alfabeto, vine a hacerte lo que a nadie le he hecho, vine a enseñarte a hablar en el idioma que yo uso para hablar de amor. Vine a decirte las cosas más significativas que alguien le puede decir a otra persona, a decir las incoherencias que solo espero que tu entiendas. Vine a decirle al mundo que me queda pequeño, a decirle al universo que te encontré en el más remoto de sus planetas, que te busqué por una galaxia de decepciones y de llanto, que te encontré y que aquí me quedo. Aquí mis manos se harán polvo si así lo deseas, se harán tuyas si las quieres. Acá donde el mundo no es nada del este mundo, acá lo dejo todo, acá desato las ilusiones dejadas en el ático. Acá dejo que esa caja, que esos sentimientos, se vayan en el aire que envuelve tu figura, acá no entiendo nada de lo que hago, las cosas sin sentido pero con sentimiento son esas en las que creo en este día. Todo lo que hago se lo dejo al azar, lo dejo en tus manos que espero no sean resbalosas, te dejo todo y me instalo en tu mente, mudo mi caja de Pandora a tus labios, mudo mis creencias a tus palabras, cambio de camino y empiezo a recorrer tu cuerpo. Cambio de estrategia y ahora mi plan es amarte. Amarte hasta que caiga la noche porque en presencia de la Luna amarte es más que eso. Es más que acariciar tu cuerpo con pétalos de rosa, es más que tomarte de la mano. Es más que gritarle al mundo que te encontré. De noche amarte es poco y aun así es todo lo que tengo y lo único que quiero.




martes, 8 de marzo de 2011

Bendita, Bestia, Benévola.

Desde muy adentro de mi algo golpea fuerte y constantemente mi cabeza y pensamientos. Algo desde lo más profundo de mi me dice en gritos que debería alejarme de donde estoy. Salir corriendo no es una opción, no puedo, no tengo fuerzas y hasta me ahoga la incertidumbre de saber si estoy despierto o no. La duda de no saber si donde estoy es donde debo estar o simplemente a donde he llegado por una secuencia de decisiones equívocas que me han traído a hombros de mis placeres y gustos efímeros más no de mis necesidades y de mi propio bienestar.

Lo que sea que sienta se ve abrazado a una ceguera inevitable que me lleva recorriendo ciudades endemoniadas, paradas infernales donde mil soles que, así cómo me iluminan, me ciegan y queman toda esa bondad que alguna vez fue la que conformó todo lo que era y no era solo un virus que actualmente siento extinguirse mientras risas, gritos y bailes opacan las alaridos que ese ser dentro de mi quiere que el mundo conozca. No sé bien ni que decir porque simplemente lo que diga será editado y maquillado para que suene perfecto y sutil. Será maquinado para seducir a todo aquel que pueda ser fuente de placeres, de miradas lujuriosas que dan bienvenida a orgías de sentimientos impuros y descarados. Todo lo que diga será cambiado, todos mis silencios serán erróneamente interpretados y mi lenguaje corporal no será más que una invitación a casa uno de los siete pecados capitales. No habrá momento en el que mi mente se sienta segura o confiable, no soy nadie porque no siento nada, todo es automático y salvaje, animal y placentero. Toda razón se fue en bocas desconocidas, todo el raciocinio lo vertí en lagrimas, se fue en gemidos desenfrenados y gotas de pecado, saladas y envenenadas cada una de ellas.

Siento muy adentro que cada sonrisa es eso que quieren, el acto favorito del circo, lo más esperado de la noche, el payaso más triste pero talentoso. En eso se resumen los gritos internos, en risas ajenas y en una auto compasión casi suicida. Miradas que no valen nada, que no dicen nada de sentimientos, solo de placeres y agonías personales y totalmente secretas. El silencio se volvió aliado al ser las palabras puñales de quienes no saben tolerar un sentimiento determinado. El silencio lo fue todo a pesar de que no quiso estar presente. pedí a gritos que escucharan mis palabras, recorrí los confines de la tierra diciéndole al mundo mis verdades. El viaje de vuelta lo hice en silencio, con los ojos cerrados, tal vez abiertos pero oscuros y fríos. Tan expresivos cómo esa pícara Mona Lisa, tan falsos cómo una Ultima Cena e inalcanzable cómo el sueño humano de volar.

Esa bestia indomable me grita al oído, me seduce, y la complazco. Me mata de a poco pero me da más vida que la misma vida que siento al querer acabar con mi enemigo interno. Dos en uno, si no son más. Somos un conjunto de defectos que sin querer nos hacen perfectos y pecadores. Un idilio de cualidades erradas que consiguen exactamente lo que desean. Desean lo imposible y de una forma posible logran esa utopía, llegan a ese Olimpo de logros y metas inimaginables y así mismo acaban con todo lo que consiguen. Una batalla que no pedí, que no controlo ni domino, que no quiero pero si tengo aferrada al cuerpo como sanguijuela extrayendo todo eso que fui y dejé de ser, todo eso que gobierna ahora el sentimiento de pesar, odio y lastima convertido en perseverancia, audacia y seducción ajena a mi yo original.

Allí donde termina mi ciclo, es ahí donde no te encontré. Ahí donde termina es donde deberías haber estado, es donde más te sentí ausente, tan ausente que te olvidé. Tan lejos que no existes. Tan lejos que el recuerdo no es nada más que esta nueva bestia liberada, maltratada y feroz que ahora, con lagrimas hipócritas en los ojos te dice que te necesita, a ti y solo a ti, más que nunca.


"With every day, and from both sides of my intelligence, the moral and the
intellectual, I thus drew steadily nearer to that truth, by whose partial
discovery I have been doomed to such a dreadful shipwreck: that man is
not truly one, but truly two. I say two, because the state
of my own knowledge does not pass beyond that point."

Robert Louis Stevenson