domingo, 19 de mayo de 2013

Acordes inmortales.

Todo comienza con una simple nota musical, esa que introduce en tu mente todo un mundo de posibilidades, de letras, de palabras que pueden o no quedarse acampando en tu cabeza por días, meses, inclusive por siempre. La nota musical no es mucho para nadie, no es más que una canción entre muchas, puede que esa nota no sea esa que en ti estremece todo lo que llevas por dentro. Esa nota para ti complementa un océano que a pesar de estar lleno de agua solo es perfecto cuando esa gota hace parte de el, siempre recuerdas ese momento, esa canción que te transporta del infierno en el que estás a ese Sol perfecto, esa brisa abrazadora que en tu cabeza es una permanente que nadie nunca podrá tomar, que nunca deja de soplar, ya sea en contra o a tu favor. La oscuridad en la que estás sumergido te priva de esa libertad de la que consistía el amor, esa oscuridad donde las sombras de la noche se convierten en figuras del pasado que solo te recuerdan que eso que sientes, que eso que experimentas no es nada mas que esa libertad volviendo a ti por medio de sencillas letras que parecen haber sido escritas a tu nombre, a lo que eres y siente en ese momento donde al compás de lo que escuchas sientes como de manera arrebatada tu corazón pelea por hacer parte de la orquesta. De una forma anormal y arritmica sientes como trata de salirse de tu pecho, ese pecho que poco a poco dejó de ser tuyo para ser simplemente donde habita el olvido, donde se fueron a recostar todas esas mentiras y cuentos de hadas en los que de la manera mas ingenua creías y por los cuales, teniendo una unica vida la depositaste toda esperando a cambio de eso un final que, como la canción que estás escuchando, te recuerda que hay altas y bajas y siempre sin excepción una ultima y detonante palabra o acorde que te partirá en mil pedazos.

De esas voces en tu cabeza, de esas palabras que te encuentras de una canción a otra siempre surge entre un pensamiento nuevo, una historia que compartir y un momento clave en tu vida que así como las personas que ya no están, te estremecieron de tal manera que no queda opción alguna que recordar con la belleza del olvido, con esa única vez en la que fuiste eso que fuiste, que fuera lo que fuera te hizo ser quien sucumbe ante la sencillez del recuerdo de lo perdido. Del amor a lo recordado, del odio a lo perdonado y lo cometido, De la indiferencia y del desacato a eso que creías poder ignorar, eso que pasaste por alto, dejaste atrás y atrás quedó. De todo eso que ocultamos debajo de piel marchita por el tiempo que no ha podido perdonar el hecho de ignorar como a medida que pasa cada segundo nos encontramos con una nueva forma de recordar el pasado que se refleja en nuestros ojos casi cegados ante el resplandor de lo que fue y no abiertos a lo que es o lo que puede ser, simplemente cegados e ignorantes. Nadie sabrá nunca qué camino tomar ni que canción escuchar, encontrar un rumbo nunca nos dirá que es lo que vamos a toparnos a medida que lo exploramos, dar un paso al frente, cambiar de canción, siempre será una incógnita que pocos enfrentan y simplemente prefieren escuchar el mismo disco que repite la misma canción, la misma historia una y otra vez, una historia de la cual ya conocen su final pero que insisten en escuchar de nuevo, como si el fade out fuese a ser diferente, como si un acorde sorpresa fuera a cambiar y mejorarlo todo.

A veces no es necesario repetir la misma historia, no sabiendo en qué termina,no repitiendo los mismos errores y creando las mismas expectativas que sabes ya que no serán cumplidas. Te sientes con los pies en el aire, mirando al vació a tus pies y el cielo tan alto que ni sueñas con tocarlo, el amor como una ráfaga que amenaza con botarte al vació y te aferras a el como la rama a un árbol  como a ese algo que crees que es tu salvación.Mientras escuchas la misma canción una y otra vez, enciendes un cigarrillo y poco  poco entre el humo acumulado empiezas a buscar en esas notas musicales miles de respuestas, cierras los ojos y la cabeza te empieza a dar vueltas, recopilando recuerdos, con esas notas musicales te vez viajando y saltando de un tiempo a otro recordando y recolectando pedazos claves para que al  momento de abrir los ojos logres al fin disipar el humo de la habitación y mas importante la neblina que solo te dejaba divagando entre momentos cortos e hirientes, esos agridulces, porque te recuerdan no solo lo feliz que fuiste sino lo feliz que sabes que puedes llegar a ser ya sea perdido entre pupilas en las que podrías naufragar sin pensarlo dos veces, o entre caricias que matar en ti todo lo que la noche y el miedo habían dejado clavado en tu piel.

Vas cerrando los ojos a medida que las voces en tu cabeza te dicen de una u otra forma que hacer lo que escuchas te va sumiendo en la noche e invitándote a comenzar a soñar en el mundo abstracto que hay en tu cabeza, ese mundo donde vuelas hacía el Sol sin quemarte, donde la noche no es amenazada por arpías carroñeras, donde tu mundo se reduce a recordar, arreglar, mejorar todo eso que con los ojos abiertos es simplemente ruido en tu mente, estruendo en tus pensamientos y silencio hiriente en el alma. Tienes los ojos cerrados, la melodía de un piano te arropa el cuerpo helado, la voz aguda y desgarrante te dedica su sufrimiento y te recuerda como ya lo has hecho antes, que puedes ser lo que eras, que no eres de cristal y aun queriendo ahogarte sin saber como respirar, puedes decir una y otra vez que es necesario conocer la oscuridad para que al salir a la luz realmente haya valido la pena. La voz a lo lejos te aprieta el corazón como si fuera empuñado por ese amante egoísta, ese cazador de sueños, de verdades sobre valuadas y mentiras apremiadas ante bufones del amor, ante ateos a ese único sentimiento que te cubre los brazos, el pecho aislado y un cuerpo maltratado pero renaciente.

Vuelves en tus sueños a encontrarte con esos miedos del pasado, esas sensaciones que te recuerdan la ausencia de ese algo que de alguna forma distraía a esos demonios que amenazan con robar esos acordes, esas notas que te mantienen de una pieza, esas voces que de una u otra forma rescatan de un pozo sin fondo esos pedazos de ti que valen la pena, esa parte que nunca muere, esa cualidad tuya tan criticada, ese amor al amor que no puedes disipar porque simplemente estas firme en que entre canción y canción hay una nueva historia, nuevos tonos para destruirte una y otra vez y para restablecerte nuevamente mientras canción por canción, sigues enamorado del amor, del pasado, de lo que fuiste, de lo que eres, de lo que quieres ser, lo que quieres oir y lo que quieres cantar sin que pase ni un segundo, ni una palabra sin ser amada y recordada como la mejor canción alguna vez escuchada, sentida, cantada y gritada al mundo. Ese mundo que se toma el tiempo de escucharte, ese mundo que se interesa por amarte, porque ames el amor y porque no pases ni un minuto y ni una canción sin pensar que vale la pena vivir y morir mil veces en vida, por amor.




lunes, 22 de abril de 2013

Gota al Viento.

Siempre se ha sabido que cuando el cielo se torna gris es porque algo se avecina, porque algo de ese cielo perfecto no está bien y debe caer. Debe soltarse y coger un nuevo rumbo, como una gota de agua, tan poco única entre otras gotas, voy mirando ese suelo que será mi nuevo destino, voy imaginando posibilidades, caminos y rumbos que pueda tomar en el instante que toque fondo, en ese momento al que le temo, a caer sin poder moverme o simplemente fluir por calles desconocidas, pasando bajo miles de extraños que no determinan a esa gota de otras gotas. Desde arriba no hay mucho que pueda predecir, nunca podemos prevenir lo que no podemos predecir, eso me aterra, que de todas las gotas sea yo esa que cae en un fango de porquerías, esa que cae en una alcantarilla, a un mundo subterráneo donde no tengo nada mas que mis pensamientos y miles de sueños que así como yo, estamos posados bajo tierra, sin ninguna posibilidad de renacer, de surgir de esa miseria en la que estando mil metros sobre la tierra, nunca imaginamos, nunca lo visualizamos y mucho menos, nunca tuvimos miedo a que ese futuro especifico fuera el que caería en nuestros hombros como una avalancha que te deja en soledad, en ignorancia, en miedo de no ver nada, de no poder coger esas cenizas y construir algo de ellas.

Mientras estos pensamientos nublan mi cabeza, siendo el cielo cada vez mas oscuro, mas denso, mas amenazante y rudo, solo me veo atascado en mis pensamientos, ahogado entre miles de caminos de los cuales no siento que pueda decidir, esas rutas simplemente no están hechas para que yo las elija, es algo aleatorio, algo que no está escrito. Quiero caer de ese cielo negro que solo me atormenta, que solo me dice que lo que me espera es esa oscuridad, esa estancia de mi vida en la que la vida no se puede llamar así, no se puede considerar como nada mas que un infierno, uno de los mas crueles, donde así como yo, miles han caído en el con esperanzas y sueños, esperanzas arrebatadas, sueños sucios, olvidados, negados y amordazados. Quiero gritar pero lo que digo es opacado con todo eso que gritan a mi alrededor, quiero saltar pero aun no es el momento de caer, algo mas que no decido yo, porque no es una decisión que tome yo, no es algo que yo pueda elegir, tanto por el destino que me espera si tomo yo la decisión en mis manos o si simplemente me dejo llevar por el destino que se haya ya forjado para mi, ese destino entre muchos otros que están al igual que el mío, a la espera de una hecatombe existencial, de una catástrofe interna, de una vida negada por la vida misma.

Esa agonía, esa incertidumbre, ese destino incierto sé que lo comparto con mas de uno, con miles y miles que así como yo se sienten a punto de lanzarse a una caída libre que puede o no terminar. Ese desespero indescriptible que surge en ese momento cuando las bases de vida actual empiezan a temblar bajo tus pies y no puedes hacer nada para detenerlo, nada para enmendar o simplemente evitar esa tormenta creciente, la impotencia reina en mi mente como una daga en el pecho, la idea de perder ese suelo tangible se ve mas y mas real a medida que mis pensamientos se ven aturdidos por ese destino al que le temo, por ese plano ya no tan plano en el que basaba mis decisiones, por esa vida perfecta que recordándola a minutos de perderla simplemente me genera sonrisas y a la vez lamentos, no arrepentimiento ni negaciones, solo lamentos de no tomar decisiones correctas, de no gozar de ciertas cosas y por otro lado, de llevar al extremo muchas más. No entiendo como un cielo perfecto se pone gris, pero la lógica es infalible al igual que un cielo gris, al igual que ese destino del cual no tengo decisión alguna.

Esperando la caída y sabiendo que lo haré, espero caer donde pueda retomar de esos pedazos de cielo toda la perfección que temía perder, espero caer desde muy alto porque si no caes desde muy arriba solo mereces llegar a esa alcantarilla a la que le temen los cobardes, los fríos de corazón, los renegados al amor y a la aventura. Espero caer donde el suelo me haga renacer, en un campo donde asi como a mi se me da una segunda oportunidad, de enmendar lo malo y seguir mirando al cielo perfecto, espero caer sobre ti, sobre la perfección que emana el amor cultivado en ese suelo, caer al vacío solo si es necesario, caer en las sombras no sin antes ver como metro a metro, mientras caigo, el mundo me muestra lo que vivi, lo que fui y lo que anhelo seguir siendo mientras disfruto, sin dudas ni arrepentimientos, de la vida que fue de esa gota que cae a un destino que desconoce.







miércoles, 24 de agosto de 2011

"Con los pies en la tierra y las alas en la cabeza"

Siempre me resguardé diciendo que no tenía mucho que decir acerca de esa persona. Siempre evité hablar de aquel que sin hacer mucho esfuerzo inspira cada una de mis palabras. Buenas o malas, son palabras que salen de mi corazón por una persona determinada, a veces existe, a veces es solo una idea, a veces es viento, a veces es nube, pero casi siempre, logro encontrarla en un beso. Siempre tendré en la garganta estancados pensamientos que no he tenido el valor de compartir fácilmente. No he podido crecer de manera sentimental de la forma en que he querido ya que nunca he sentido que haya un amor que valga la pena alcanzar, siempre mantengo mis pies en la tierra creyendo que el amor es plano, que está aferrado a la tierra y que como las raíces de un árbol depende del suelo para poder crecer cada vez más. Pero no, hoy todo es distinto, hoy un árbol puede crecer por encima de mi cabeza, lo digo así, porque así lo siento.
Hoy todo tiene la incoherencia necesaria para darle coherencia a mi vida que hasta ahora pienso que ha tenido todo menos sentido. No siento el mismo miedo porque no veo razón alguna para sentirlo, no veo que mis escudos se sobrepongan ante mis deseos, no veo murallas construyéndose alrededor de mis palabras hacía el, ni tampoco veo defensas porque simplemente no preveo ataque alguno. No tengo nada porque re direccioné mi 'todo' a su mirada. No estoy vacío, mucho menos muerto, tampoco estoy vivo y no quiero estarlo si eso significa bajar de este limbo en el que envolví mi cuerpo. No quiero bajar de acá si el suelo sigue siendo tan firme y tan duro como lo dejé. No quiero tierra pudiendo tener este único cielo.
Hay un momento del día en el que las máscaras son simplemente inútiles, hay un instante en el que es estúpido usar un antifaz cuando lo único que deseas es desnudarle tu alma al mundo y permitir que éste vea todo lo que te has guardado, todo lo que le has negado por tanto tiempo, todo lo que tus miedos disfrazaron con sonrisas hipócritas y con abrazos insignificantes. Muestra esa sonrisa que ilumina el rostro de cualquiera, esos ojos que no son conocidos ante los demás, esas manos que se aferran a tu felicidad como nada nunca lo había hecho. Él y yo nos instalamos como ermitaños en montañas de nubes coloreadas con un naranja brillante y un fucsia atrevido que se posó en nuestros ojos para ser partícipes del abrazo de sentimientos que vivimos por un efímero momento, momento que permaneció por siempre en la mente del otro. Cada segundo que pasaba era un retrato a la perfección, la desembocadura de deseos alguna vez marchitos por el dolor, oxidados de rabia que al encuentro con su boca desapareció, se esfumó, con ella se fue el rencor a la vida y los pasos dados en vano.
Son esos días en los que no quiero saber del tiempo, no quiero horas, minutos ni segundos que me recuerden que cada que la manija del reloj avanza, es un momento más en el que no estoy viviendo a su lado. Cada paso es difícil al no sentirlo al lado caminando, simplemente estando presente, con una palabra, una caricia o un beso que me recuerden que lo adoro, que lo tengo y que en este momento, inevitablemente, lo necesito y extraño. Le grito al tiempo que corra más rápido y más lento en el instante en que lo vuelva a ver.
Extráñalo y desearlo solo me llevan a quererlo más, a hacerlo, cada día que pasa, una parte más grande y vital de mi cuerpo, de mi vida y de este corazón que un día en especial se agiganto al encuentro con lo profundo de sus ojos. Unos ojos en los que me perdí, donde me perdí pero no me siento desubicado, por el contrario, me encontré, me encontré con la felicidad, con unas pupilas que sin tener la capacidad de hablar le gritaron a mis ojos que no tengo porque volver a cerrar mi vista a la vida ni al mundo; que ahora, sin saberlo y sin haberme dado cuenta, se tornó en todo un nuevo planeta, donde tus manos sobre las mías son toda la gravedad que necesito para permanecer ‘con los pies en la tierra y las alas en la cabeza’. Los pies tocando ese planeta que creamos y con las alas volando hacía ese futuro al cual me aferro como el único sueño que quiero llevar a cabo, el momento cumbre de mi vida que se da en mi cabeza, con lágrimas en los ojos y anhelos inquebrantables de sostener mi mirada sobre su espalda por el resto de mis días.
Está en mi cabeza, volando en ella. Lo necesitas tanto como yo lo necesito, como La Luna necesita la oscuridad para brillar, como las hojas necesitan del Sol para florecer y del viento para caer, de la primavera para renacer y del verano para brillar. No necesito palabras, no necesito tiempo, lo necesito a él. No necesito sus manos, no necesito su cuerpo, lo necesito solo a él y lo que tenerlo representa. Necesito esa totalidad de sus defectos, de sus cualidades, de sus lágrimas y sus sollozos, necesito la vida que complementó la parte oxidada de la mía, necesito que el conjunto de su amor rellene el vacío del que ya no queda casi nada. Sentado aquí bajo esta luna solo se me ocurre pensarlo, anhelarlo y creer en él, en sus palabras en mi oído, en sus palabras, en sus ojos, en sus promesas tatuadas en mi cuerpo con esa tinta indeleble que usó a través de sus besos. Necesito que el tiempo pase lento, que al encuentro con su cuerpo los minutos sean horas, que en el idilio de nuestro amor las palabras se resuman en sudores, suspiros, gemidos y gritos que me digan que ahora y siempre necesitará ese calor, ese movimiento en el que le digo con mi alma que me estoy grabando en su corazón, que estoy metiéndome en su alma, haciéndome dueño de ella, de sus pensamientos, de su vida, de sus momentos solitarios, de sus momentos de alegría y de lamentos. Necesito que su cuerpo se aferre al mío, que sus manos acaricien mis rincones oscuros y que le dé luz a esas partes que necesitan de su Sol, de sus rayos, de sus colores y sus sabores. Quiero sus labios dibujando nubes en mi espalda, contando lunares inexistentes como excusa para quedarse pegado a mí, contando cicatrices que sin darse cuenta ya no duelen, ya no existen, ya no son gracias a que el sí es.  Ya dejaron de existir sólo porque el comenzó a hacerlo. Nació en mis días, en mi vida y en mi cuerpo. Nació en mis mañanas frías y en mis noches aletargadas mirando un cielo vacío de destellos pero lleno de estrellas, naciste en mis momentos tristes, en mis momentos felices, en esa felicidad que no podía compartir porque no había cómo compartirla. El viento, a pesar de ser constante, no es receptor de mis palabras, no permanece para escuchar mis lamentos, no se estanca en mi soledad como él lo hizo, no la elimina, no la suprime, no la mató como con sus besos la arrancó él de este cuerpo que ya no me pertenece, ni a mí ni a este planeta, le pertenece a él en este mundo que es solo nuestro.
Se ha quedado y no quiero que eso cambie, lo necesito en todos mis días, en todas mis noches, en cada paso, en cada lamento que le reclamo a La Luna, en cada segundo efímero de felicidad en el que su cara pasa por mi mente y si no le tengo al lado una brisa se encarga de decirme que todo está bien, que su mano acompaña la mía, que no estoy solo, que ya no necesito descansar mi cabeza en pisos inseguros, en almohadas de malas hierbas, en lechos de mentiras y manojos de desilusiones. Hoy puedo descansar sobre su cuerpo, sobre esas líneas que se dibujan en su cara cuando sonríes, sobre lo húmedo de sus lágrimas cuando le prometo un mundo perfecto, sobre lo mojado de su cuerpo cuando en un abrazo interminable y apasionado me dice que la perfección se posó en nuestras vidas, que la felicidad nunca había sido así de sencilla, así de simple. Hoy, si ya no lo hice, quiero dejar mi corazón en su pecho, mis palabras en su boca, mi aire en sus pulmones. Hoy quiero ser parte de él, unirme a su cuerpo como nunca me he unido a nada. Unirme a su vida, a sus pasos, caminar con él o dentro de él.
Hoy quiero que los momentos se hagan eternos, que la vida dure lo que dure la suya, que la felicidad sea la que es la suya, que el dolor no se aparezca nunca en este, nuestro cuerpo. Quiero que el mundo sea testigo de que los valores de antaño aún persisten, que la fidelidad se puede lograr en el mundo moderno, que la vulnerabilidad ya no es problema si de escudo tienes tu corazón, protegiéndote de todo. El mundo verá que los ojos nunca brillarán tan fuerte, que las manos nunca se habían sostenido con tal fuerza, que los momentos vividos se han ido guardando y atesorando, que los minutos dejaron de pasar cuando uno encontró al otro, cuando se logró esa fusión de deseos olvidados y reencontrados en la mirada de alguien más, cuando los miedos se desvanecieron en caricias, en besos, en horas interminables de pasión en la que la confianza y el amor se las arreglaron para darnos felicidad, horas en las que un rayo de luz podría iluminar mil habitaciones y aun así seguirían los cuerpos desnudos ante un mundo prejuicioso y retrograda, horas en las que las yemas de los dedos juegan el papel de ser tinta sobre el papel de un cuerpo, segundos eternos donde los besos son verdugos de preocupaciones, homicidas de el paso de los días y el dolor de la distancia inevitable.
Sin mirar voy dando pasos hacia ti, sin preguntar me voy adentrando en su vida, sin desconfiar del mundo voy vendado por la confianza que tengo en sus promesas. Voy despacio para vivir cada momento que la vida me pueda regalar junto a él. Voy cuidadoso de no dar un mal paso porque no pienso dejarnos caer, voy minucioso porque cada detalle es un sentimiento que aflora en el antes marchito corazón en mi pecho, voy de a poco porque de a poco lo quise, de a poco lo adoro y de a poco lo amaré más que en este momento, más que en estos pasos. Sin tener miedo me recuesto en los planes que pinta en nuestro cielo, en el futuro que dibuja en el aire que nos rodea, en los colores que inventamos para reconstruir nuestros cuerpos, en los trazos que damos con las manos juntas, nunca separadas, nunca aburridas, nunca indeseadas.
Nunca pensé que mi vida fuera a dar este giro, fue en cuestión de segundos que mis pasos en su vida se hicieron huellas en mi pecho. Nunca sentí que la vida podría llegar a cambiar, el día a día de mi vida se veía atacado por las desilusiones de siempre y la monotonía de un horario que yo no programé para vivir, de momentos que yo no quise pero que aun así recuerdo porque gracias a ellos es que comencé a encaminarme al encuentro con mi presente, un presente que quiero volver futuro, un futuro que sueño y planeo cómo si no hubiera otra forma de hacerlo, como si no hubieran más caminos, porque en realidad no los quiero. De alguna manera tocar con mi corazón sus ojos fue algo que me dijo que ya lo conocía, que lo estaba esperando, que me estaba preparando para darle espacio en mi corazón, que las partes de él que cayeron lo hicieron solo para darle camino a sus besos, a su mirada, a su cuerpo anexo totalmente al mío, a ese instante en el que supe, sin saberlo, que lo quería a él, que lo necesitaba a él, que le pertenezco desde siempre, que lo extrañé toda la vida y que ahora, viviendo a su lado, no puedo vivir de otra manera.
Con la convicción con la que nunca he hecho algo, se lo regalo todo a él, cada momento, cada suspiro, cada caricia y cada lágrima la deposito en sus brazos. Con la sinceridad con la que nunca he dicho algo, se lo digo todo a él, le regalo a él estas palabras, le doy a él mis errores y mis defectos, mis virtudes, mis sueños, mi cuerpo y todo lo que este represente para su mirada. Con la sencillez de mis palabras le digo al mundo que es mi universo, con la simplicidad de mi cuerpo le digo a las estrellas que me siento grande a su lado. Con el miedo más grande y a la vez el más pequeño, le entrego mi vida en este texto, le entrego todo lo que he sido hasta hoy, todo lo que soy y todo lo que quiero ser sosteniendo por siempre su mano. Con los ojos saliéndose de sus cuencas, con el corazón saliéndose del pecho y mis piernas queriendo correr hacia él, le regalo esto, aquello, lo otro, lo demás, lo que tengo y lo que no, lo de allá, lo de acá, lo de adentro y lo de afuera, lo que es suyo y lo que es mío. Todo es suyo, hoy y siempre.

sábado, 21 de mayo de 2011

Primero tu, después los segundos.

Eran las 7 de la noche, habíamos dormido toda la tarde y me encontré con tus ojos examinando mi alma al momento exacto en que abrí los míos. Siempre me pregunté que veían tus ojos dentro de lo míos, estos ojos cafés que no tienen nada del otro mundo, rasgados y pequeños debido a lo poco que necesitan ver teniéndote en frente. Poco es lo que necesita abarcar mi mirada si en ella cabe lo profundo de la tuya, de la tuya y la mía siendo una sola, eterna y especial como pocas lo son. Sincera y transparente de cualquier forma posible. Tomo tus manos y las acaricio cómo si el mundo se fuera a acabar, cómo si este momento fuera el ultimo que alguna vez fuera a vivir, como lo único que quisiera vivir de saber que la vida se terminará al apartar tu cuerpo del mío, tu corazón de mi corazón, nuestros cuerpos unificados para siempre a través de un lazo invisible que solo tu mano y la mía conocen. Recorro tu cuerpo con mis labios, tratando así de grabar en mi cabeza cada defecto, cada característica específica que te hace ser quien eres, que te hace ser esa persona por la cual entregaría hasta la última de mis palabras con tal de tener el último de tus suspiros.

Recorriendo tu cuerpo me encuentro con eso que busqué toda mi vida, las lagrimas son inevitables, la felicidad también lo es, no puedo evitar derramarlas sobre tu ombligo, depositando allí el pasado que siempre quise enterrar en algún lugar y que finalmente deposite en tu cuerpo, en tus caricias y en tu forma de hacerme sentir que hoy, aquí y ahora, nací nuevamente para ser feliz, nací nuevamente para estar a tu lado y mudarme al interior de tu cuerpo donde la fortaleza de quererte es más fuerte que cualquier blindaje comercial. Tu cuerpo, tan fuerte y tan débil a la vez, es una intriga total a mis sentidos, mis palabras se adhieren a tus poros y hacen de tu cuerpo un poema inmortal, hacen de nuestra forma de tocarnos una antología de sentimientos y canciones que no se han escrito aun, hacen que esta fusión de caricias sea algo más que una noche bajo las sabanas, hace que este sea un mundo paralelo donde vivir sin ti no es una opción, donde vivir por ti es lo que respiro, lo que como, lo que le da vida a este cuerpo flotante que se encontró contigo divagando en cielos turbulentos del pasado, en tormentas de miedos y debilidades que solo se apaciguaron al encuentro con tu mirada.

Sin darme cuenta había pasado ya un minuto, tan solo un minuto, eran las 7:01 de la noche y la eternidad aun asi parecía imposible, un minuto pasó como un milenio pero de igual manera, no era suficiente, te quiero para siempre, te quiero en la eternidad de los besos que solo tu sabes dar, te quiero en la eternidad que solo tus palabras bajo mi oídos saben explicar. Te quiero de formas que nadie entendería porque nadie entiende algo que no se pueda argumentar, no puedo decir porque te quiero si quererte no es algo que algún poeta haya dicho en alguno de sus veros, quererte no está en el acorde de ninguna canción ni en sonetos de Neruda, quererte a ti no es un amor que este planeta conozca y por eso te pido, te ruego y me arrodillo ante tus pies para que me dejes caer contigo en algún otro planeta, en un mundo alejado de ese mundo que ya nos hizo daño, de ese ayer que no cabe en este hoy ni en el futuro mañana. Te pido que dejes tu equipaje a un lado, que dejes tus miedos junto con los míos en la torre más alta donde ningún príncipe pueda rescatarlos, donde ningún explorador se atreva a ir, donde simplemente se extingan con tus lagrimas de desamor y tu pavor a no saber volar. A no querer saltar al vacio y sentir que así no tengas alas, me tienes a mí y en el fondo, así ya sea tarde, encontraremos alas nuevas, espacios nuevos, ráfagas nuevas para seguir volando.

Me resulta fascinante ver como el tiempo se va entre tus huellas dactilares de una forma tan amenazante, se va como se van pocas cosas en la vida, lentamente. Se va como si no quisiera irse, como si cada segundo le doliera al mismo Chronos, cómo si cada instante fuera un puñal que deja una marca en la historia, en nuestra historia. El tiempo no se recupera pero los recuerdos lo son todo para aquel que vive enamorado de la historia de dos que hace que el mundo en sí no tenga una historia en absoluto. Voy bajando por tu cuerpo intentando abarcar cada espacio en el, cada grieta del pasado la beso y la sano conforme voy descubriendo las llagas en tu piel, voy sanando heridas que hasta tu desconocías, voy rehabilitando tu cuerpo con mi manos, mis labios y mi aliento, esperando así que tu cuerpo reivindicado con la vida se una al mío que en tus brazos encontró esa salvación que tu sin darte cuenta proveías con tus ojos.

Por un momento vuelvo a mirar el reloj y son las 7:05pm, soy un idiota. Cada momento contigo es un momento eterno, yo pierdo el tiempo mirando la hora, no es justo con tus ojos. No es justo con tu piel que yo malgaste caricias solo pensando en el tiempo que llevamos juntos más no en el tiempo, en el instante, en el momento que estoy contigo, que es este y lo viviré como si las 7:06pm no fuera a existir, cómo si a las 7:08pm se acabará el mundo. No hay minutero que marque la hora para quienes no dependen del tiempo para demostrarse que se quieren, no hay horas, días, segundos suficientes en un calendario para aquellos que saben que lo más eterno del mundo no está en un reloj dañado, está en una mirada fija en otra, en unas manos envueltas en otras dándole a la vida una nueva forma de ver el tiempo, de caminar en los segundos, de flotar en minutos que ya no son nada porque después de tocar el corazón de alguien más, no hay tiempo, no hay espacio, no hay nada. Solo una vacuidad que logran llenar tus besos, tus caricias, esas palabras que se resbalan por mi cuerpo dándole el éxtasis que nunca imaginó. Solo existen gritos ahogados con otros gritos, historias de amor en cada exhalación de aire, momentos que se vuelven eternos debido a esos besos que solo terminan cuando el tiempo empieza a correr de nuevo, ósea nunca.

viernes, 22 de abril de 2011

4:21

Les voy a contar cómo olvidé mi pasado. Brevemente les diré de qué manera fue que olvidé mi vida en La Tierra y me instalé donde nunca pensé poder vivir una vida tan cómoda. Todo fue un giro afortunado que dio mi vida, todo lo monocromático se fue diluyendo y pintando de nuevo. Todo lo muerto fue renaciendo de cenizas que el viento nunca se llevó, todo lo que creía inútil se tornó en esto que ahora a pesar de solo tener una función, lo es todo. El destino no es algo en lo que crea, no es algo tangible por lo cual para mi no era algo creíble tampoco. El destino es para soñadores, poetas, amores eternos y profetas desocupados. Por lo menos eso pensaba hasta que el mismo destino me encontró a mi y me hizo creer ciegamente en que dos caminos están previamente nombrados por una fuerza mayor, una fuerza desconocida a la que hoy le debo más de una sonrisa, más de un suspiro y más de una palabra transcrita en beso. Todo pasó muy rápido, todo fue sin darme cuenta, los sentimientos enjaulados encontraron la forma de escapar y todos se fueron corriendo al encuentro con tus manos, se posaron en tus ojos, los inhalaste de mis suspiros y se adueñaron de todo eso que ya daba por perdido.

De un momento a otro el mundo se hizo poco, se hizo insuficiente para comenzar a explicarte con metáforas lo extenso y lo fuerte que resulta quererte. No sé qué es lo que encontró m mano en la tuya, no sé porqué mis ojos no dejan de mirarte, desconozco mis palabras pero sé que son por t, no comprendo ni recuerdo mi pasado porque ya solo miro dentro de tus ojos, ahí veo mi futuro y ahí es donde instalo mi cuerpo. Instalé mi vida ahí donde la encuentro toda, ahí donde tiene sentido morir si es el caso, ahí es donde se refleja el resplandor de La Luna, esa luna que compartimos más de una vez, esa luna que me recuerda que lo que siento no tiene pies en La Tierra, que lo que siento va más allá de promesas insulsas, más allá de retos impuestos por ese amor promedio que crean los libros. Todo va más allá y todo lo encuentro en tu mirada y en el reflejo de mis ojos ilusionados con un futuro que solo lo visualizo contigo de la mano. De un futuro incierto que nadie puede asegurar, un futuro al que honestamente le tengo miedo. A pesar de haber enterrado mis mayores temores lo único que en verdad me descompone es la idea de perder ese mundo que construí en ese espacio pequeño que hay cuando dejo de besarte, ese espacio diminuto entre tus ojos y los míos. Ese campito de aire que separa tu pecho del mío, esa carne y esos huesos que impiden que tu corazón y el mío se abracen directamente. El miedo de perderte no se compara con la alegría de tenerte, de sentir ese ‘para siempre’ que encontré en tus ojos la primera vez que mire en lo profundo de ese océano de miel oscuro. La primera vez que sentí que la distancia dolería, la primera vez que noté que algunas de mis piezas rotas encajaban con unas de las tuyas, que el azul del cielo se veía mejor en lo oscuro de sus ojos. Que la vida daba un vuelco que no esperaba y que sigue sorprendiéndome de manera que nunca pensé.

Explicarlo resulta inútil porque no hay mucho que decir, las palabras son poco cuando las miradas hablan por sí solas, cuando las manos tienen entre si toda una historia que contar, toda una antología de momentos irrepetibles, inolvidables y todos y cada uno de ellos cargados con ese sentimiento tan ajeno a mí, tan intruso pero tan benéfico, como insalubre de formas completamente placenteras. La forma de decirle lo que siento no es como imaginaba decírsela a ese ser al que llegaría a querer tanto, no pensaba llegar a darle vida a tantas cosas en el mundo que deben permanecer muertas, no pensaba darle vida a nada, el pasado vivido solo mató el presente y el futuro que creía tener, el pasado solo dejaba dudad y miedos que poco a poco, en suspiros, se fueron disipando y con el tiempo ya no había pared alguna, ya no había miedo, ya no había nada que no me gustara, solo su ausencia. Solo ese momento en el que se le dice adiós a eso que te complemente, el momento de soltar su mano y con ella dejar un pedazo de ti cada vez. La ausencia puede doler, pero no tanto como duele la idea de que el ‘para siempre’ sea el ‘sin ti’ y el ‘nunca’ sea ‘contigo’.

Estar lejos es eso que me desvela en la noche, estar lejos es no saber el porqué del vacío que se hace en mis labios, en mis palabras, en cada paso que doy sin sentir que lo estoy dando para acércamele, estar lejos es sentir que mis ojos no logran ver las cicatrices en el cuerpo que te recuerda un pasado al que le tienes miedo, estar lejos es no escuchar esos silencios que tanto ruido hacen cuando te extraño, estar lejos es tan nocivo como perderte en un futuro que no logro divisar. La distancia la resumo en versos, en canciones que al reencontrarnos cantaré a tu oído, canciones que en las noches acompañan la sinfonía de sentimientos que emergen de mi cuerpo y solo logro desahogar en palabras, en gritos callados, en lagrimas pequeñas que a pesar de no ser muchas, son todo. Porque mis ojos no son solo los que te miran, son también los que te extrañan, los que te anhelan más que otra parte de mi cuerpo. Más que mi mano que nunca te quiere dejar ir, más que mi pelo que quiere ser peinado por tus huellas dactilares, más que mi pecho que quiere ser recorrido por tus labios, por tus suspiros calientes que rellenan ese corazón que daba por muerto. Ese corazón inhabitado y ahora monopolizado por tus palabras, por tu mirada y por ese miedo inevitable al futuro que nos atormenta tan ridículamente.

Cada noche, por no decir todo el día, tengo un nuevo sueño, es decir, ya no hay pesadillas, todo se fue en algún momento y me pregunto ¿cómo es que lo logré?, ¿cómo mis miedos nocturnos se transformaron solo en visualizar su cara? ¿Cómo dejó la noche de atormentarme a tal punto de querer vivirlas todas contigo? ¿Cómo la lluvia dejó de ser problema y pasó a ser el escenario perfecto para vivir contigo? No entiendo, no entiendo en qué momento pasó, no entiendo qué hice o qué hiciste para llegar, para quedarte y para nunca ser olvidado. No sé que hizo el tiempo con el pasado pero se lo llevó, lo olvidé, se fue y no volverá porque el pasado no fue nada, solo serán recuerdos, películas de esas que ve la gente para llorar, películas de esas que a pocos les gustan porque a pocos les gusta vivir, así sea en vida ajena, un sentimiento tan cruel e injusto. Un pasado que logré enterrar, que tus manos ayudaron a sepultar en lo más profundo del olvido, ese pasado al que mis ojos se cerraron para poder abrirlos a este presente, este presente nuestro donde el único dolor que se siente es el de dejar tu mano fría en las noches, dejar tu pecho desprotegido cuando sientes que algo falta, dejar tus orejas vacías cuando le hacen falta que mi voz te diga en un susurro que ahí estoy a tu lado y que ahí seguiré el tiempo necesario. Ese tiempo que quiere dejar de ser tiempo para dejar de pasar, para congelar esa tarde perfecta, esa noche bajo nubes, estrellas y una Luna que no cualquiera puede regalar, una Luna reflejada en el agua que bañará todos esos errores del pasado, agua que se llevará con la más basta de las corrientes los más impetuosos y desgarradores sentimientos protagonistas del pasado. Ese pasado que ya ni es pasado, ya no es tiempo, ya no es recuerdo, ya no es nada, ya todo es futuro y todo lo encuentro en ese cielo que no canso de mirar, en esa silueta que cubre la Luna para encontrarme ahora con tu pecho, en esa silueta que representa el eclipse que le hago al dolor, la espalda que le doy a la vida que no me marcó de ninguna buena manera, a la patada que le doy a lo de antes y a las patadas que te doy a ti ahora.