viernes, 9 de agosto de 2013

Parte 6.2: No todo son canciones tristes.


Bueno, en la anterior les mostré algunas, ni siquiera las canciones más importantes, que son la banda sonora de esta historia. Esas tienen un significado directamente relacionado a esos momentos especiales, esos momentos tiernos, amorosos y especiales que realmente marcan la historia y le dan sin fin de contextos en mi opinión significativos y románticos. Estas por otro lado son esas canciones alegras, esas de felicidad, que producen un clímax extraño, esa que te hace llorar, esa que hace que no te cambies por nada debido al papel que juegan los momentos vividos con estas canciones. Comencemos.


Esta canción, por su ritmo, su letra, el vídeo y lo que muestra produce en mi una sensación increíble, no solo siete los números lo cual para mi la hace perfecta sino que me remonta a un concepto de felicidad sin igual. Es decir, hablamos de proyectos, de conocer a una persona y planear con ella una vida, de crear sueños al lado de esa persona que consideramos, de forma errónea o no, nuestra acompañante para toda la vida. Siento como esa persona, a pesar del tiempo vivido siempre estamos de una manera u otra perdiendo el tiempo, sumergiéndonos con ella en momentos insignificante pero a la vez con un valor totalmente gigante. Porque perder el tiempo con la persona que amas no es hacer cualquier cosa y dejar que el tiempo pase, no es perder el tiempo viendo películas, no es pasar días sin hacer nada, es crear recuerdos, momentos insignificantes que tejen una historia y que nos dan hoy en día una cantidad de vivencias que lo único que hacen es hacernos sonreír, pensar en aquello vivido y simplemente valorarlo como una parte de ti, ese pasado que nos hace formar como somos ahora, formas conceptos nuevos y realidades que muchos podrían decir que deberían ser pesimistas pero que en mi casa solo argumentan más la fe y la concepción que tengo acerca del amor que llega a ser casi una filosofía de vida. 




Deben decir que esta canción se sale de contexto, que no se asimila para nada con canciones que he puesto anteriormente pero, indudablemente, hace parte importante de esta historia. La letra no la escuchen porque no tiene nada que ver con lo que me hace sentir o pensar. Es decir, si lo tomamos literalmente es una canción que de amorosa no tiene nada y que no tiene lugar en mi historia. Es simplemente un recuerdo, uno muy alegre, muy de las mañanas, de las tardes, de las noches. De peinados enjabonados y sonrisas y risas sin sentido. Es una canción que me recuerda no solo ese momento chistoso, ni esos bailes tontos sino que también me hace pensar en la confianza, en el apego tal a una persona que hace que ciertas situaciones sean totalmente cómodas, así sea la primera vez que las vivimos, hace que algo que puede ser totalmente incómodo como dos cuerpos desnudos o algo por el estilo, sea a la vez algo para recordar con una sonrisa, y actualmente, con una letra bastante irónica. 



Nuevamente Beyoncé, no se note que amo a esta mujer. Esta canción me recuerda nuevamente ese concepto de confianza de forma en que con esa persona que uno llega a amar uno puede llegar a ser un completo payaso, hacer el ridículo y reírse con esa persona estúpidamente por un baile, una interacción en realidad ridícula pero en este caso, con una letra que si vale la pena conocer. Es una canción que recuerda noches largas, tardes sosas, me recuerda el valor que le puedo dar a una simple canción y lo que me puede llegar a hacer sentir. Me recuerda como la letra de esta canción me hacia volverme un completo ridículo y cantarle esta canción silaba por silaba, con toda la actitud y el baile que implica. Si, el baile, se podrán imaginar. Darle poder a unas palabras no siempre tienen que ser a frases cursis y palabras sacadas de versos poéticos o cargadas de metáforas y parábolas rebuscadas. La sencillez de esta canción se asemeja a la sencillez de los momentos, de amar y ser amado desde la expresión más simple a la más compleja y elaborada. Amar es conocer a una persona en toda sus facetas, en todos sus estados, siendo ridícula o siendo totalmente racional y centrada.



Esta canción no es nada sin su vídeo, el vídeo hace todo por esta canción. Imaginen que los niños no son hermanos, sino dos personas, esas dos personas enamoradas que de repente amanecen en un mundo solitario y solo se tienen el uno al otro. Basados en eso pienso en el concepto del amor como mágico. Y lo es, el amor desde cierto punto de vista transforma muchas cosas, nos hace creer en mundos no ficticios ni imaginarios pero si en un mundo al lado de esa persona que amamos, creando en nuestra cabeza proyectos, planes y visualizando de manera futura la relación y teniendo de base ese amor imaginaros muchas cosas al lado de esa persona. Pensamos en donde viviremos, si en una casa de campo o en un loft estilo neoyorquino, si en una casa suburbana como la típica pareja de televisión o en un condominio en una ciudad adorna exquisitamente. Pensamos en qué haremos cuando ambos tengamos que separarnos por viajes de negocios de nuestros respectivos trabajos y pensamos en cómo sería nuestra rutina, quien le cocinaría a quien, qué café compraríamos y lo que haríamos en la noche al llegar agotados después de un largo día de estar separados el uno del otro. La magia del amor nos hace imaginar no mundos ficticios sino mundos totalmente plausibles para dos personas que lo único que quieren es la compañía del otro, el apoyo y la estabilidad. Por encima de eso, siempre estar juntos, tener claro que el BIG PICTURE no es lo material, ni lo son las problemáticas ni los tropiezos en el camino. El big picture somos los dos, juntos, peleando por esa unidad que debía ser inquebrantable y que por encima de todo, debía ser eso que superara cualquier cosa. El problema es cuando los problemas se desfasan y alguno de los dos deja de sentir, mira hacia otro lado y simplemente se rinde. La magia, por buena que haya sido en algún momento se acaba y muchas veces no hay polvo mágico que libere a una mente encarcelada en una idea y en simplemente dejar de pelear por recuperar eso que no se ha perdido, pero que no se decide seguir buscando. 


Siempre llegará en la vida de una persona esa persona que nos haga cambiar la perspectiva que tenemos en cuanto al mundo, la forma en la que le dan un cambio y hacen que se sienta diferente vivir, que sepan diferente los días, que la música se vuelvan no solo letras pero también un lineamiento por el cual vamos y el que nos hace sentir por determinada persona determinados sentimientos que de alguna forma nos hace volvernos contra al mundo y defender el concepto de amor que estamos sintiendo, nos hace defender a esa persona como esa que no se puede tocar. Una persona que llega y le da la vuelta a tu mundo es esa persona por la que te rebelas contra los demás defendiendo a toda costa, muchas veces de forma casi ciega, eso que sientes. Dar la vida por alguien no se puede entender siempre en el sentido literal de morir por alguien. Puedes morir mil veces por una persona sin darte cuenta, en el momento en que lo miraste a los ojos y le dijiste que lo amas, en ese momento tu vida no es solo tuya, no es solo de el, es de ambos, en ese momento en que finalmente te atreviste a decir que lo amabas, en vez de estornudar o pedir un condimento, en ese momento ya le estás dando partes de ti, le estás mostrando vulnerabilidad, le estás dando espacio para que te haga eternamente feliz o simplemente para acabar contigo. En algún lugar de este blog hablé hace muchos años acerca del Poder, el poder no solo visto de manera política o económica sino del poder que nosotros mismo le damos a alguien sobre nosotros. El poder lo compartimos, muchas veces hasta lo dejamos totalmente en manos de una persona, muchas veces también, nos equivocamos repartiendo este elemento. Poder es decirle a esa persona que la amas, poder es reconocer en lagrimas que esa persona te hizo daño, poder es darle a esa persona la capacidad de destruirte y de a la vez darle la cura a todos tus males. Repartir poder es demasiado complicado y está ligado estrictamente a la forma en que nos manejamos de manera individual y no en pareja, Esa saber manejar esa 'Autarquia' es decir, manejarte a ti mismo desde ti mismo y no perder nunca esa estabilidad y esa sabiduría. Repartir poder es un tema complicado, no es fácil reconocer en esta estancia que si, el poder lo regalé, lo entregué todo y simplemente me dediqué a amar, a vivir y a no poder controlar mi estabilidad. 





We move like cagey tigers
We couldn't get closer than this
The way we walk
The way we talk
The way we stalk
The way we kiss
We slip through the streets
While everyone sleeps
Getting bigger and sleeker
And wider and brighter
We bite and scratch and scream all night
Let's go and
Throw all the songs we know

Into the sea
You and me
All these years and no one heard
I'll show you in spring
It's a treacherous thing
We missed you hissed the lovecats

We're so wonderfully wonderfully wonderfully
Wonderfully pretty
Oh you know that I'd do anything for you
We should have each other to tea huh?
We should have each other with cream
Then curl up by the fire
And sleep for awhile
It's the grooviest thing
It's the perfect dream

Hand in hand
Is the only way to land
And always the right way round
Not broken in pieces
Like hated little meeces
How could we miss
Someone as dumb as this

I love you ... let's go
Oh ... solid gone ...
How could we miss someone as dumb
As this?


El saltando, fin. 



jueves, 8 de agosto de 2013

Parte 6.1: Soundtrack



La banda sonora de mi historia.

Al menos una parte....





Irónico como la música sin letras nos traslada de una manera casi palpable a un momento de nuestras vidas, puedo recordar canciones infinitas con letras devastadoras que me llevan a un sitio en especial, a una caricia, a un beso o un abrazo. Puedo recordar inclusive canciones de despedida, de bienvenida como esa cantada debajo de Libertad o aquella vociferada en cierto parque de arboles torcidos. Puedo recordar canciones para llorar en tardes soleadas como aquellas de cierta adolescente en crecimiento hacia la fama o inclusive canciones para el amanecer, como aquellas de Empire of The Sun o de Black Kids que acompañabas con un cereal altamente azucarado y unos omelletes quemados que fingía comer con el mayor de los gustos, no puedo negarlo, en ocasiones sí sabían bien. Es increíble como la música en sí puede crear toda una historia simplemente basándonos en recuerdos, en momentos vividos y frases dedicadas una y otra vez, la música fue nuestra base, nuestros momentos felices, tristes, difíciles y de incertidumbre todos tienen una banda sonora, una que no se repite y que no se olvida. Comenzamos esta parte con una cancion de Rod Thomas, se llama 'Funbags' y la recuerdo porque casi sin conocerlo me recomendó verme la película 'The Romantics', la cual me encantó y hoy en día es de mis favoritas, aunque verla es tortuoso. 'Funbags' es de esas canciones que me recuerdan mi intento frustrado de conquistarlo al no conseguir inicialmente el nombre de la canción que él quería. Más adelante se volvería banda sonora de uno de sus proyectos y mucho más adelante, una canción similar a un taladro en mi cabeza, pero al fin y al cabo es música y eso, a diferencia de una persona, está por encima de todas la cosas. 





Lo sé, dirán: "Que hombre más gay" pero el que no haya notado que esto es una historia gay bien puede releer las pasadas 5 partes de la historia. Esta canción tiene algo particular y más que recordarme amor me recuerda la espera, si, la espera, me recuerda un periodo de tiempo hace poco más de dos años en el cual extrañé cada centímetro de su cuerpo, extraña sus miedos, su risa fea, su mirada perdida, sus comentarios infantiles y todo lo que representaba en ese poco tiempo de llevar juntos. Se sale un poco de lo convencional a lo que ambos escuchábamos y nos dedicábamos, pero esta canción me recuerda lo firme que pueden llegar a ser mis pensamientos con respecto a algo que quiero, a algo que necesito y a algo por lo cual espero. Me recuerda no solo la paciencia y la agonía de esperar sino también me recuerda mis límites y mis limitaciones lo cual son dos cosas totalmente diferentes, mis límites son esas barreras que conozco, que he tocado, que he visto y he conocido pero que nunca he cruzado. Por otro lado mis limitaciones son eso que debo romper, eso que debo superar, eso que no me va a dejar atrás. Y en este momento, mis limitaciones no las veo porque sé que puedo chocar contra el mundo, contra alguien, perder o ganar y aun así, seguir dispuesto a correr hacia adelante, hacia él, hacia algo, ya ni sé.




¿Quien no se ha sentido aterrado? 
¿Quien no se ha sentido vulnerable y perdido?
¿Quien no ha desconfiado de un mundo desconocido?
¿Quien no se ha olvidado de amar por miedo a no poder olvidar?
¿Quien no se ha rendido antes de comenzar siquiera a asustarse?
¿Quien siente que no peleó lo suficiente por algo tan fácil de vencer?
¿Quien no ha amado sabiendo que el amor es un juego de dos perdedores?



¿No les pasa que el amor les deja cicatrices? ¿Morados? ¿Marcas que nunca se van? Bueno, amar es prácticamente caer en un abismo, lo bueno es que caemos agarrados de la mano de alguien más, nos dejamos llevar y nos lanzamos hacia un mundo nuevo con esa persona y vamos con un parche en los ojos dejándonos llevar por ese sentimiento tan abrazador, tan persuasivo y a la vez traicionero. Nunca dejen de hacerse morados en el cuerpo solo por evitar dar un salto. Nunca eviten un golpe por miedo al viaje del cielo al infierno. Nunca, nunca, nunca, dejen de amar por miedo a no poder borrar morados en sus rodillas. Por miedo a caer es que no vuelan las aves neófitas y por ese mismo miedo nunca vuelan. 




Si, puse dos al mismo tiempo porque ambas comparten la idea de esta parte. La despedida, como dolían las despedidas, ese sentimiento de apego a la otra persona literalmente llegaba a un punto enfermizo en que la ausencia del otro dolía como ninguna otra cosa, en que la dependencia era simplemente inevitable y el sentimiento de vacío era insoportable. Reconozco que era agridulce, agrio por la despedida, dulce por saber que en el momento en que nos volviéramos a ver ese sentimiento se iría y simplemente la felicidad, como siempre, invadiría todo en nuestro alrededor. En realidad me gusta hablarles de esto porque en realidad siento que primero: no se debe esperar menos del amor; segundo: para prepararse en términos del amor, el amor es dolor, así sea feliz, es dolor. Por una causa o la otra el amor siempre hace que algo nos duela, la felicidad duele y en este punto sé que duele porque en el fondo sabemos que se acabará. Ahí es donde nos preguntamos si ser felices en realidad es algo que logramos llegar a ser o si son simplemente conjuntos de momentos que acumulamos a lo largo de nuestras vidas los cuales al recordarlos nos dan esa felicidad de nuevo. Pero nunca he considerado la felicidad como un estado único y totalitario, porque en el fondo todos sabemos que algo, sea lo que sea, interrumpirá la felicidad, bajándonos a La Tierra de nuevo y dándonos más caminos para seguir recogiendo pedazos de cielo en el piso. 



Hablando de pequeños momentos de felicidad, vamos a dejar un espacio aparte para esta canción y después les explicaré lo que yo llamo '7 Segundos de Felicidad". Un momento de felicidad con respecto al amor lo defino como ese momento al que te devuelves en el tiempo y si recuerdas dos o 3 escenas es mucho, lo que recuerdas es tu cuerpo, el suyo, la interacción y lo que se sentía. Particularmente en este momento siento mis pies mojados, encima de los suyos, cantando esta canción, tarareando y bailando un vals improvisado, siento risas y una mirada clavada en mis ojos pero más que eso atravesada en mi pecho quién sabe por cuanto tiempo. Más que tristeza es alegría lo que siento, es una paz que nadie me quita ni nada lo compra. Siento mis pies acá conmigo, pero en realidad estoy lejos de estar sentado bajo una luz tenue escribiendo estas palabras. Estoy en un momento cumbre que le dí, que nos dimos, que vivimos y siento que vale la pena recordarlo, porque si te hizo feliz, si te regalo un pedazo de ese cielo, vale la pena recordar eso que te atravesó y te inspira en este momento solo un buen recuerdo e infinidades de planes que me recuerdan que no, que nunca lo dejé ir. ¿Porque? Por lo siguiente:



“Un alma gemela auténtica es la persona que 
te saca todo lo que tienes reprimido, 
que te hace volver la mirada hacia 
dentro para que puedas cambiar tu vida. 
Es la persona más importante que 
vayas a conocer en tu vida, 
porque te tira abajo todos los muros. 
Pero ¿vivir con un alma gemela para siempre?
Ni hablar. Un alma gemela llega a tu vida
para quitarte un velo de los ojos y se marcha.”



Suena estúpido y ni sé si esa será la persona
o si yo fui esa persona, pero esta frase 
(que no revelaré la fuente por no hacer el 
blog aun más homosexual) representa 
lo que siento con respecto no a la persona 
sino al sentimiento, a lo vivido, a lo amado, 
a la enseñanza y al camino recorrido. 


De la persona ya no queda mucho que amar. 




Piensen en una tarde oscura, una cama caliente, un Domingo de esos existencialistas y lo mejor, una compañía que comparta contigo una canción con una voz tan tajante, una melodía tan melancólica y unos tonos simplemente devastadores. Bueno, he aquí una canción de esas para escuchar en una de esas tardes, más si esa fue la primera vez que dormían juntos y abrazados así fuese por una o dos horas mientras por fin podías salir de su habitación. Una canción así es de esas que te transportan no solo a ese momento bonito vivido en el pasado sino de igual manera a muchos más momentos en los que te preguntas sí realmente el día siguiente seguirás contando con esos momentos de felicidad, te preguntas si realmente esta sensación es infinita o si realmente te ama lo suficiente para no dejarte ir, ni en la noche ni en el día. Te preguntas si el miedo será superado, si sus miedos los vas a suprimir con tu amor, te preguntas si sus complejos serán más grandes que lo que siente por ti. Les cuento que si, así fue, el amor superó muchas cosas, dejó muchos avances en su vida y en la mía, y como buena alma gemela.... bueno pues ya saben. 

Lo malo de eliminar barreras y abrir puertas es no saber si las quieren después pasar contigo. 




Esta no es una canción que esté incluida directamente en la historia, digamos que simplemente es una que recuerdo más por mi que por los dos, la recuerdo no por momentos vívidos si no por esos momentos que de hecho no vivimos, de esos en los que soñamos, de los que hablamos, de los que de manera ridícula e infantil llegamos a creernos y a elaborar de forma casi real en nuestras cabezas. Esta canción me recuerda a mi mismo como una persona vulnerable a elección propia, como una persona abierta a cualquier cosa, a sufrir, a amar, a llorar o a reír. Me hace recordar a esa versión mía que no tenía miedo, ni quería escapar, solo quería caer, recorrer un espiral sin fin y perderme en lo que el amor significaba para mi, o bueno, lo que significa ahora también solo que visto desde una perspectiva totalmente diferente, más sana y racional. Menos infantil y por así decirlo aterricé el amor y lo resumí en tener los pies en la tierra pero con las alas en la cabeza... así tal cual. Así no hay peligro de perderme de nuevo. 

¡Amén!





¿Que ternura no? Me gustaría dejar hasta acá esta parte, cerrando con una ironía y una alusión totalmente aislada a la desfachatez y el descaro. La primera canción la recuerdo como aquella etapa que les comenté acerca de esperar y esperar, me recuerda como mi concepto del amor crecía a medida que iba entendiendo mi relación como una relación madura, de dos partes, de dos corazones en uno. Con este tiempo aparte sentía que valía la pena luchar y supongo que es hoy el día en que ese concepto no ha cambiado, de pronto ha cambiado la forma de emplear este pensamiento pero siempre, infinitas veces infinito, juraré amar hasta el ultimo segundo, amaré todo lo merecedor de ser amado y será por siempre, eso nunca cambiará. Eso pensaba mientras volvía a escuchar esta canción, irónico y cruel es el destino muchas veces pero de igual manera no deja de ser justo y fiel al karma. Esta canción queda en mi memoria creando en mi un amor que superaba un océano completo, una zona horaria diferente y una ausencia que consideré eterna, un amor que concebí como eterno.

'Your Song' es una canción que conocí yo creo que cuando tenía unos 5 o 6 años, en otras palabras desde que tengo memoria cuando algún individuo en mi casa la ponía o simplemente sonaba en radio o algo, estamos hablando de una canción con más de 40 años de historia que he amado desde que desarrollé la capacidad del gusto por la música. Después de esa han habido mil y una versiones de esta canción pero ninguna como la de 'Moulin Rouge', perfecta en la voz de Ewan McGregor y en ese contexto del musical simplemente me enamoró y juré algún día que sería de esas canciones 'reserva' que nunca le dedicaría a nadie que no amara más que a Tatiana Castillo, mi amor eterno del colegio, bueno eterno no, es mujer, nunca pudo haber pasado, pobre de ella. En fin, esta es una versión que salió en 2001, ya hace más de 12 años y aun sigue siendo una canción simplemente hermosa y para mi, una obra de arte, desde la voz de Elthon Jhon pasando por Ewan McGregor y finalmente en la voz exquisita de Ellie Goulding que ya es más contemporánea y en 2010 lanzó una versión de esta canción la cual simplemente me dió en el corazón. 

Ya habiendo contextualizado un poco la canción pues bueno, fue días antes de conocerlo que empecé a escuchar mucho más de lo normal esta canción, pensaba en el amor, en Elton John, en Moulin Rouge, en Satine y en Christian, en historias de amor trágicas, estilo Rose y Jack, Romeo y Julieta, Rick Blaine e Ilsa Lund, yo creo que hasta en Edward y Kim Boggs. Pensaba en parejas, en las dificultades del amor, en las relaciones no solo del cine sino de la vida real, pensaba en cómo podría yo amar a alguien o ser amado estando tan perdido en ese punto de mi vida. Bueno, pues aquella tarde en esa sala de espera de las que les había hablado encontré más de una respuesta, tanto entonces como ahora, en esta habitación llena de recuerdos, veo la lógica de miles de interrogantes con respecto a el concepto de amor que tenía entonces. Esta canción que escuchaba miles de veces me hacía aspirar a un amor de película, a un encuentro que sabía que me haría vivir y morir mil veces. Sabía apenas lo empecé a conocer que esta reserva se iba a gastar. Y así fue. Hoy me sigo preguntando: ¿Qué es el amor? ¿Lo necesito? ¿Lo extraño? ¿Me extraña el amor? ¿Cuantos sietes? "¿Porque todo y no nada?"

¿Es que ya no siento nada?


(Es claro que hacen falta muchas más canciones con sus respectivos anexos. Es más, faltan las mejores.)

lunes, 29 de julio de 2013

Parte 5: Momentos.

No sé si el lo recuerde, no sé si aun pasa por su mente el mismo momento que pasa por la mía pero sé que en ese momento la infinidad se posó entre el y yo, el amor que sentíamos el uno por el otro en ese momento no se podía describir, no era un amor que yo pudiera en este momento describirles porque el momento era palpable, era algo para observar desde que El Sol salía por el lado norte de la habitación y se posaba en el lado sur al caer sobre nosotros, al llegar la noche. Tiempo y días pasaban y yo sentía que mi cuerpo se había quedado acostado en esa cama, sentía que mi mirada no salía de sus ojos, sus ojos que con una o dos lagrimas involuntarias me decían que por favor me quedara, que no me fuera, que me necesitaba tanto como yo a el, que me amaba igual o más que yo a el, que eramos uno y que sin el otro el cuerpo de cada quien realmente se hería, dolía, sangraba, se deshacía cada minuto que estuviésemos lejos. El momento que les quiero contar ni sé cómo describirlo porque ni sé si fue solo esa vez, no sé si realmente enloquecía y ese momento eran simplemente tardes cualquiera, en las que mientras preparando algo de comer escuchaba alguna canción alegre mientras veía como torpemente me hacía una taza de té o unos huevos como si fuesen las 8 de la mañana y el día apenas comenzara.

El momento era sencillo, simple, nada de otro mundo así se sintiese como tal. El momento era acostarnos en la cama, sin ningún otro plan más que esperar que la noche cayera o que El Sol saliera, era esperar a que algo nos desconectara de ese mundo nuestro y nos llevara a hacer cosas cotidianas, de esas en las que uno ni siquiera piensa por no querer dañar el momento o por no querer romper ese silencio tan cómodo que nos arrullaba de manera mágica y casi inmediata. El momento que tanto recuerdo es ese en el que en múltiples ocasiones le cantaba, le leía, le lloraba mientras el me cantaba o me leía. El momento era compartir canciones nuevas, el momento era retarnos uno al otro a el que durmiera más rápido, al que aguantara más tiempo perdido en la mirada del otro. El momento eran miles de segundos unidos en pocas palabras, el y yo. El momento era amarnos y eso era todo, amarnos, amarnos, amarnos, amarnos... hasta que el Sol dejara de salir en nuestras cabezas y dejara de posarse al Sur en nuestros pies. Amarnos.

En muchas de estas ocasiones releía su segunda hoja, de todas las cosas que me había dado siempre me gustaba releer lo que me escribiera, era bonito pensar en esos sentimientos tan frescos que sentimos en pocas semanas de habernos conocido, siempre recordaba esas hojas y las volvía a leer. Me enamoraba cada vez mas el saber que era un sentimiento constante, que no se iba, no se apagaba ni se extinguía. Era un sentimiento desconocido, familiar a la vez si lo comparo con ese amor que siempre soñaba encontrar. Tenerlo tan cerca, sentir su respiración, conocer su cuerpo y su interior, conocer sus miradas, sus sonrisas, sus gestos y ademanes, todo aquello era un conjunto de experiencias para mi, todo aquello era oro disuelto en besos, en palabras, en abrazos y caricias. Conocerlo a el y conocerme a mi mismo en tantas estancias, tantos versos, tantas risas alocadas y besos descontrolados, todo el conjunto de emociones me hacían sentir realmente seguro, a salvo de un mundo que a ambos nos había demostrado todo lo contrario. No habían mostrado el lado amargo del amor, el lado crudo de la esperanza y sobre todo la crueldad en la fe, la confianza y la incondicionalidad. 

Hoja # 2



Me gusta pensar que soy invencible, me gusta sentir que aunque siempre este en medio mi caos interno nunca esté vulnerable a nada y sobre todo a nadie, siempre evito entregarme completamente y nunca espero recibir mas que una pequeña parte de "alguien más"; ahora, escribiendo esta casi mecánicamente como un trillado anuncio clasificado, me doy cuenta que siempre acierto en lo que estoy buscando, siempre obtengo un pasaje de ida y de regreso a otro mini-mundo, nunca he pasado de ser un extranjero entre otros pensamientos, en otros sueños, en otras manos, en otras vidas. Es costumbre construir un muro nuevo con algunos ladrillos caídos y algunas grietas alrededor. Siempre comienzo de cero y mi build-up dura por días y nunca por meses, me suena ilógico pensar que mi último comienzo haya sido tan diferente y aunque no quiera admitirlo ya no se qué estoy buscando, confieso que estoy perdido, estoy afuera de mi 'comfort zone' y no encuentro ningún camino de vuelta, mis pies no saben a donde quieren llegar y ahora siento mi mortalidad en mucho más que en pequeños momentos del día, mi vulnerabilidad ahora tiene un nombre y apellido que rima con cada unas de las letras que se asoman en mis dientes.

Desde el pequeño espacio que ocupo en este planeta monocromático, desde este esfero desechable y esta hoja manchada quiero entregarte todos mis errores ortográficos, todas mis palabras deformes y mi vida entintada como nunca lo ha estado, quiero que recibas todos mis rayones y todas mis omisiones que al fin y al cabo son evidentes en cada centímetro de mi cuerpo cubierto en una piel que ya no se ha quien le pertenece, que no sé si ha sido tocada o manoseada sin sentido, sin la corriente adecuada y sin los sudores llenos de ese silencio abismal que terminan estallandome los labios, las cejas y las mejillas porque se convierten en un sonido insoportable que me recorre las venas y me congela el corazón. 

No me gusta depende de una persona, no me gusta pensar que me voy a venir abajo y voy a perder mis días sin sentir sus huellas dactilares en todo mi cuerpo, en todos mis pensamientos. Necesito sus palabras sobre mi cuello, sobre mi lengua, sobre mis labios, en mi garganta y en mi voz. Probablemente esto que escribo ahora no sea coherente en unas semanas, unas Lunas o unos meses, pero en este momento solo tu eres mi realidad, solo tu eres mi tiempo y mis noches de insomnio, un insomnio que es mas dulce que otra cosa, que aunque me vuele los sesos y no haga más que sentirse como una inyección en la nuca, sigue siendo relevante y con sentido y es que sentido es algo que nunca he palpado, que solo hace que mis piernas tiemblen y que como un reflejo me haga huir. 


Probablemente dirán que estábamos locos, que el amor nos había atacado y que eramos una pareja de cursis tratando de crear un mundo perfecto en la fría crueldad que se ve diariamente en un mundo normal, y si, eso eramos, un par de pendejos jugando a ser felices, a crear mundos aparte, a estar toda una tarde viéndose a los ojos sin importar que el mundo allí afuera se estuviese cayendo en mil pedazos, sin importar que La Luna misma se nos viniera encima. Eso eramos y lo fuimos por momentos incontables, llenos de canciones, de lagrimas, de sudores y miradas, repetíamos ese mismo momento las veces que fueran necesarias. Ya fuese después de un largo día, ya fuese después de un Domingo perfecto o después de recorrer lugares que no conocíamos, ese momento era el momento para poner una canción tierna, una canción que nos hiciera desfallecer en el cuerpo, ese momento en el que solo importaba ser uno los dos, ser ese par de pendejos que creían en algo más allá de los hechos, más allá de lo palpable, más allá de palabras y poemas muertos, eramos palabras siendo vida y vida siendo amor. Amor era eso que sentía, eso que personalizamos en pareja, eso que llegamos a sentir tan puro y claro como el agua con la que bañábamos nuestros cuerpos, como el abrazo que me enseñó a darle, como ese amor que nadie más parecía entender. Eramos en ese momento, esos momentos mientras veíamos como La Luna se posaba en El Cielo, como ya no le aterraba, como ahora me amaba y veía esa Luna solo en mis ojos, sin caerse, sin derrumbarse, fija y constante en mis besos y en mi mirada.

Quisiera extender más esto, pero realmente solo quería expresar lo que se sentía en esos momentos, quería describir de forma breve eso que aun considero que es indescriptible....







domingo, 7 de julio de 2013

Parte 4: Abril

Creo que ya habrá pasado un mes, tal vez solo dos o tres semanas desde que lo conocí, desde que me habló del arte de la guerra, desde que me hablo de cosas básicas y banales. Ha pasado muy poco tiempo y entre besos torpes, miradas tímidas, abrazos interminables y caricias como pétalos de rosa cercanos al corazón nos hemos acercado de manera única, extraña y sin manera de explicar. Pasión convertida en palabras, en momentos tontos, en risas quebradas, en una confianza que se construyó en un tiempo récord, en un amor que crecía como una bola de nieve, una que no quería que nunca parara, una bola de nieve que simplemente seguía rodando por nuestros cuerpos, agigantándose, creciendo de una forma incomprensible pero inevitable. El amor era esa pasión creciente que no quería dejar ir, esa pasión que no pensaba dejar apagar, nunca.

Era una tarde soleada (como raro) de esas en las que los pájaros cantan, donde no hay nubes en el cielo y hay siempre una brisa de Agosto a pesar de ser Abril, maldito Abril. Habíamos ya caminado bastante por partes de la ciudad como si fuésemos turistas conociendo una ciudad extraña, íbamos entre calles, hablando, comiendo algo que viéramos en la calle, fumándonos uno que otro cigarrillo y compartiendo un café o una taza de té de vainilla. Los humos de la ciudad, la hora de la tarde, el olor que nos rodeaba no lo daba el ambiente, no lo daban las calles ni el café, ese olor era un color. Un color como de otoño, como de hojas secas, color suburbano, colores era lo que nos rodeaba y sobre todo ese olor que nunca dejó de ser mi aroma favorito. Era un olor que me daba confianza, que ambientaba mis pensamientos correctamente, que me daba confort, que acobijaba mis miedos, que me decía "Nunca más serás noche, nunca más atardecerá sin su mirada", eso me decía y en en eso empecé a creer, eso fue lo que comencé a respirar, lo que empezó a llenar mis pulmones ya tan llenos de humos negros. 

Simplemente nos vimos para hablar, la verdad eso era todo lo que hacíamos y era increíble darme cuenta de que solo eso era porque en ningún momento nos callábamos, si no estábamos conversando entonces hablábamos con los ojos, con las manos, con el cuerpo sobre el cuerpo, pero hablábamos, nos conocíamos sin llegar a confesar nada de lo que cada uno sentía por dentro, simplemente contábamos historias de la vida, caminos que habíamos recorrido, amores que habíamos olvidado y sueños que inclusive hasta llegamos a compartir. En una de esas charlas llegamos inclusive a temas turbios, sensibles para ambos, temas complicados. Era raro pensar que entre tanta perfección del momento hubiese tanto dolor en nuestras historias, tantos temores a sentir algo por alguien, a entregar con gestos mínimos partes gigantes de cada quien, tantas barreras y defensas a ceder un espacio de nuestras vidas a algo o alguien que no fuera seguro ni certero. Ambos hablábamos de como la vida nos había decepcionado, de como no sólo por amor sino por ocurrencias de la vida, locuras del destino, los dos teníamos un pasado oscuro, una vida rebelde, una historia que realmente nos daba pena confesar pero que en cuestión de semanas, de unos cuantos días ya no me importaba confesar ni escuchar. Lo quería todo, quería amar todo, entregarle mi pasado y que nunca más lo tuviese que recordar.



"...me dijiste que te gustaba el whisky, 
las mañanas de Sol y tantas 
otras cosas de las que no me acuerdo."



Recuerdo muy bien el lugar donde esa tarde nos sentamos un momento a tomarnos un café, como siempre, huyendo del Sol escogí un lugar en una esquina, con sombra pero a la vez con Sol para que él pudiese disfrutar de la luz y yo de mi cómoda sombra, recuerdo que moría del hambre entonces comimos un sándwich de pavo, yo un té y él un granizado de frutas con crema, pudo haber sido un vaso de agua y un cigarrillo, fuese lo que fuese, donde sea que estuviéramos todo se sentía bien, se sentía real, encaminado y perfecto.

Esa tarde recuerdo que me confesó que le gustaban mis ojos, me explicaba que a pesar de ser pequeños, de color estándar y sin ningún tipo de diferencia a otros, eran ojos expresivos y que hablaban mucho más de lo que yo podría decir con palabras. Me decía que mis palabras salían de mi boca pero que mis ojos las hacían verdaderas o falsas, que mis ojos le daban validez a lo que decía, porque sentía que me conocía con solo mirarme. Me explicaba cómo cuando me apenaba miraba hacía el piso y hacia cualquier otro lugar en el hemisferio sur de mi cuerpo, me explicaba como cuando me emocionaba apartaba igualmente la mirada pero la fijaba en un punto distante en el horizonte. Me contaba como cuando mi mirada se perdía en las nubes pensaba en mis sueños, en mi pasado o en que tal vez estaba pensando en él, imaginando un beso, una caricia o algo que lo hiciera emocionarse a el de la misma manera. Mis ojos, según él, estaban tristes cuando los cubría parcialmente con mi mano derecha, la de las cicatrices, la de los golpes. Me gustaba la forma en que hablaba cuando me decía todo esto, siempre me estaba mirando fijamente y nunca dejó de hacerlo. Me hablaba de una forma en la que nunca me habían hablado antes, como examinando mis ojos, mis expresiones, mis gestos y mis ademanes nerviosos mientras entre sus palabras me decía sin decirlo, que poco a poco mis ojos no dejarían de mirarlo, que minuto a minuto mis horas serían suyas y que mi factor 'tiempo' se detendría a su lado.

Su temor a La Luna seguía siendo algo confuso para mi, en realidad me gustaba estar con él en la noche, calmar con besos y abrazos lo que no podía con palabras coherentes que nunca lo convencían de dejar a un lado esa paranoia inexplicable, simplemente lo calmaba, lo miraba, le hablaba con los ojos como el me enseñó a hablar, le decía que ahí estaba yo para él, que el mundo no se le vendría encima, que ese mundo que teme que se caiga en su espalda ya no está ahí, ya cambió y se transformó. Todo eso se lo dije en un segundo, en un abrir y cerrar de ojos se consumó un beso, uno corto y silencioso, uno puro y perfecto. En una pasión callada, en esos segundos en los que simplemente le recordaba que el mundo es donde estamos parados, el momento que vivimos y lo que sentimos estando allí. Le dije que mi mundo para mi no era otro sino el presente, no era nada más que ese beso que le acaba de dar o esa mirada que le acababa de regalar. El mundo era vivir sin temores, era no dudar, no cuestionarse del ahora y simplemente soñar con que el siguiente paso que demos sea en un suelo seguro, sobre unas bases fuertes, sobre manos capaces de estar ahí para no dejarte caer, el mundo eramos los dos en ese café con esa noche bañada de Luna, con esos besos que gritaban en mi cabeza que habría miles y miles de noches para hacerle saber donde estaba parado, sobre quien estaba recostado, a quien besaba y como esa Luna allá arriba en el cielo no se caería y si se caía la recogeríamos a pedazos, juntos.


"Abril es mi mes favorito, creo que no te lo había dicho.
Es el mes donde mis días tienen forma de Paloma
 ....si si, de Paloma, una paloma azul, verde, naranja,
roja, de esas que siguen el otoño y solo ven las
hojas caer. Este mes hace que La Luna sonría, 
que El Sol tenga los ojos bien abiertos y que el
cielo se caiga a pedacitos...

...este Abril es especial."

                                                                                                                - Anónimo


En ese momento me permití a mi mismo confesarme un secreto, aceptarme una verdad y dejar de negarme verdades que no quería ver antes. Confieso que sentí mucho miedo, esa ola de emociones se me venía encima como una avalancha de la cual no tenía salida, ya estaba parado mirándola, mirándolo a él y a esa presencia que simplemente desbordaba todos mis sentidos, todo lo que temía se había hecho persona y a la vez todo lo que estaba esperando había llegado. De una forma curiosa me sentía aturdido, sin brújula y sin rumbo. En realidad no pensé necesitar nada de eso, no me sentía por ninguno de mis flancos amenazado ni atacado, no sentía que tuviese que cubrir mi espalda o mirar hacia atrás para verificar que nadie fuese a atacarme como ya lo habían hecho antes. Me sentía sin armas, sin defensas, sin muros ni murallas altas, no... nada de eso, me sentía libre y atrapado a la vez. Libre de correr por praderas bañadas de Sol ardiente, atrapado en su mirada, esa temerosa mirada igual que la mía que gritaba al viento miles de palabras sin sentido, miles de canciones que más adelante le cantaría al oído y le tararearía mientras conozco su cuerpo con las yemas de mis dedos y con el roce de mis labios, mientras recorría su cuerpo con el corazón en mis manos, mientras le cantaba en mi cabeza alguna balada romántica, mientras le recitaba algún poema de Neruda o mientras sentía en mi olfato ese aroma que no se iba, ese que curaba mi aliento entre cortado, ese olor que me mareaba y me dejaba cayendo en una espiral de la que no quería salir, de la que nunca salté. 


"Antes de amarte, amor, nada era mío:
vacilé por las calles y las cosas:
nada contaba ni tenía nombre:
el mundo era del aire que esperaba.

Yo conocí salones cenicientos,
túneles habitados por la luna,
hangares crueles que se despedían,
preguntas que insistían en la arena.

Todo estaba vacío, muerto y mudo,
caído, abandonado y decaído,
todo era inalienablemente ajeno,

todo era de los otros y de nadie,
hasta que tu belleza y tu pobreza
llenaron el otoño de regalos."

                                                                                                       - Pablo Neruda; Soneto XXV



No sé si fue el destino porque en realidad no creo mucho en esas cosas, pero en este punto de mi camino ya empezaba a creer en algo que creía muerto, así que no es sorpresa que empezara a ver el mundo con otros ojos. Me siento extraño en mi propio cuerpo porque ya no lo siento mío, ya no siento que sea frágil y débil, lo siento cambiado, nuevo y renovado. Esa tarde y esa noche simplemente nos conocimos un poco más, me gustó saber que tanto él como yo tenemos no solo un pasado, porque todos lo tenemos y lidiamos con el de los demás, pero el de él se unía con el mío por muchas historias por muchas cicatrices en nuestra espalda y por tantas caídas de las que yo me he parado solo y él también lo ha hecho. Esa tarde conectamos en un nivel diferente, a una altura fuera de este mundo, allá arriba en ese cielo 'inestable' que no pensé que nunca se fuese a caer, allá arriba elaboramos ese mundo perfecto, ese mundo aparte donde todo se puede manejar, todo se arreglaba, todo se sentía a su máximo nivel. 

Lo acompañé como era de costumbre dando pasos lentos para alargar la noche, lo llevé hasta su parada del autobus no sin antes darle un abrazo de esos interminables, esos con lagrimas en los ojos y llenos de una tristeza y alegría mezclada dándole al momento un sabor agridulce, lo dulce de su abrazo, de sus besos y su mirada y lo agrio de la despedida, momentánea pero siempre hiriente. Nos separamos y él buscó en su bolso algo, parecía desesperado e inquieto, casi temblando sacó dos hojas y me las entregó. Intenté abrirlas pero no me dejó, le pregunté que era y tampoco me explico, simplemente me dijo que sus pensamientos recientes se habían plasmado en una hoja, en palabras ajenas a él las cuales desconocía pero me regalaba. Me abrazó nuevamente y me dijo adiós. Otra vez mis ojos se aguaron por su despedida pero clavé mis ojos en estas hojas mientras caminaba escuchando 'Lovecats' de The Cure a todo volumen y saltando como si fuera una adolescente enamorada. Así me veía y así me sentía. A continuación simplemente me senté, prendí un cigarrillo y comencé a leer las palabras que me regalaba...

Hoja # 1

"No hay día en que mi cabeza no se nuble con azul y verde, no hay día en que no me duela la respiración solo por no estar entre cortada, no hay momento en la mañana, tarde o noche en que mi nariz no trate de buscar ese olor que explica millones de dilemas internos. 

Mis horas minutos y segundos se resumen en la sensación que experimenta cada milímetro de mi cuerpo cuando esos labios son presionados contra los míos, contra mi piel, mis mejillas, mis ojos, contra mi corazón y con él toneladas de pensamientos, ruidos y murmullos incoherentes que se escapan por entre mis dientes y se pierden en todos nuestros sudores. Si, nuestros porque en esos momentos solo somos uno, un cúmulo de deseos huérfanos, de preguntas sin respuestas y de cartas sin remitentes. Lo que sucede es que solo de esa forma el estar roto por dentro sirve para acomodar cada pieza faltante y cada pedazo perdido en miles de situaciones, para ubicarlo con tus piezas faltantes, con tus pedazos perdidos, para encajar, "Encajar demasiado", si es necesario. 

Eres mi negativo, anulas a cualquier otro sentido, anulas todas las voces y todas las sonrisas gastadas y perdidas. Me borras toda la información guardada y  desperdiciada en mi disco duro, en mi memoria llena de momentos oxidados. Cada palabra que pasa por tu lengua la traduces en besos de colores y sabores, en besos mojados en promesas y esperanzas que al recorrer mis labios forman un destino infinito y toman un sentido que traspasa cualquier barrera, cualquier muro, puedes ver a través de mi, podrías destrozar mi corazón en el momento adecuado y con las palabras adecuadas. Podrías hacer conmigo cualquier cosa que se te pasara por los oídos, las manos y los pensamientos. 

Creo que me fui de viaje; creo que me perdí en la mitad de las nubes y se me olvidó colocar migajas para regresar a mis días tristes, grises y al fin y al cabo no lo hice a propósito, no me levanté un Jueves o un Sábado esperando enamorarme en 30 segundos de 24 horas llenas de tedio u de caras monocromáticas. No esperaba nada de otro mundo y sin embargo eso fue exactamente lo que trajo la corriente, otro mundo. Uno que debía construir sin ninguna base mas que mis ojos dentro de los tuyos y mi mano derecha clavada sobre tu izquierda. De otra vida, rota como la mía, pero completa sobre la mía."




(...)

No supe como reaccionar ante estas palabras, era solo una hoja y mis ojos bañados en lagrimas no podían dejar de releer sus palabras, no podía dejar de pasar mis dedos sobre las palabras como si fuesen a tatuarse en mi piel. No leí la segunda hoja, en realidad no pude, las guardé ambas en mi bolsillo, seguí caminando con la mente fija en ese cielo, en ese mundo lejano que solo existe en mi cabeza, en nuestras manos juntas, en nuestros ojos mirándose y nuestras vidas uniéndose. Simplemente caminé y caminé, releyendo esa hoja, pensando en qué más podría decir en la segunda y simplemente dejándome llevar, siendo uno con mis pensamientos, mis olores y mis sabores clavados en mi cuerpo y sin intenciones de salir. Sin intenciones de ser nada más que felicidad,



"¡QUÉ VOY A HACERLE! ...¡SOY FELIZ!"

                                                                                                      - Pablo Neruda; Oda al día feliz. 






lunes, 1 de julio de 2013

Parte 3: Pasado.

He hablado del pasado, del presente, de cómo lo conocí, como me enamoré, como lo he extrañado y cómo me he dejado llevar por sentimientos, ilusiones, miradas, colores y olores de cafés, atardeceres y placeres efímeros que empecé a amar cuando conocí una palabra que más adelante me llevaría a cometer estupideces. A sentimientos que me harían gritarle al mundo, a callar en la oscuridad, a vivir de ilusiones, amar todo lo que me rodea, odiar todo lo que se me interponga en el camino y dejar atrás el pasado, ese del que les quiero hablar en esta noche tan caliente adentro, tan fría afuera. Hoy les hablaré de una noche en soledad, antes de que fuéramos dos, antes de que yo me sintiera como una persona completa, antes cuando nada ni nadie compartía conmigo lo que yo pudiese pensar e imaginar, antes cuando la relevancia que le daba a mis pensamientos era igual a cero.

Voy a comenzar diciendo que no me interesa mucho lo que puedan pensar o deducir de lo que sea que diga en este trayecto. Simplemente un día me levante queriendo ser otro, una noche me acosté esperando soñar con ser otro y me volví a levantar queriendo ser algo totalmente distinto al día anterior. Ese día fue un día extraño, diferente pero a la vez monótono como todos. Me pegué a la rutina como todos los días, hice lo que siempre hacía, odié lo que siempre he odiado y deseé mundos que solo en mi cabeza existen.

Quise ser más grande, quise ser valiente y explorador. Quise ser un gigante y un dragón. Quise ser más de lo que cualquier día pude haber deseado ser. Quise tenerlo todo sin que me importe nada. Quise salir al mundo y creerme dueño de todo. No fue un día como todos a pesar de que lo fue. Y es todo lo que diré porque a pesar de mis deseos y mis pensamientos ilusionados, el día transcurrió como el agua en un río. Siempre en el mismo sentido, a veces más rápido, a veces lento, pero siempre en el mismo testarudo sentido.

Me pasa muy seguido que me levanto pensando en si la noche anterior realmente dormí, o simplemente tuve lapsos en los cuales de tanto soñar dejé de ver la oscuridad de mi habitación. A veces no me siento con la capacidad de levantarme y comenzar un nuevo proyecto, de finalizar algo que ya comencé o de simplemente seguir desarrollando algo de una forma concreta. Me levanto sin saber si dormí lo suficiente para no seguir soñando mientras El Sol quema mis retinas y evapora mi sonrisa al verlo a El tan magnífico e intocable.

Mientras el día transcurría me daba por vencido en repetidas ocasiones, me levantaba del piso y como inteligente y racional animal seguía mi camino buscando mi bienestar, o al menos es lo que todo el mundo espera. Que yo busque lo que es mejor para mí. No siempre estoy pensando en mí mismo y eso es algo que realmente me molesta. Me molesta porque lo hago más a menudo de lo que debería y de una u otra forma siempre ando buscando aprobación de personas que ni yo aprobaría. Me molesta saber que una parte de mi es totalmente dependiente a los demás, a sonrisas efímeras y a felicidades de minutos que simplemente se van cuando la música deja de sonar o cuando el alcohol deja de ser servido. Cuando no hay factores externos que me hagan ser feliz, es cuando más quiero serlo, cuando estoy sentado, solo, escribiendo y esperando una sonrisa de la Luna, ahí es cuando más busco en el cielo oscuro un trozo de felicidad. Lo hacía en esta estancia porque era allí donde debía encontrarme, es allí donde debía buscarme, a mí y a mis afectos, es decir, en la barra de un bar no están los abrazos que busco y realmente dudo que estén en el bajo de canciones que me hagan ser quien creo que no soy.

Cuando se trata de complacer, la última persona en la que pienso es en mí. Siempre ando buscando la felicidad de mi entorno como si esto significara que algún día este entorno me devolverá el favor. Eso no pasa. No cuando vives en una sociedad tan egocéntrica que solo piensa en sí misma y en el bienestar propio. Pueden fingir perfectamente que se interesan por algo que vaya más allá de sus narices, pero como dije, es algo que saben fingir, no que sepan hacer y sentir en realidad.  Yo lo he hecho, pero sinceramente, a mi no me importa mucho el mundo, no por lo menos el mundo en el que vivo actualmente. Doy a mis allegados lo que se merecen, a veces más. Pero no soy de los que dan un brazo amigo a una persona en necesidad, no por lo menos necesidades tan banales como las que se ven pavoneándose en calles pecaminosas y realmente sobrepobladas de vanidades mal infundadas.

Como venía diciendo, iba caminando por las calles, con la adrenalina que se siente al vivir en una ciudad en la cual de cualquier esquina pueden venir malas noticias, iba por ahí como con esa confusión de si seguir adelante o simplemente volver a la cama y esperar que las horas pasean desde el momento en el que te levantas hasta cuando, por pura naturaleza, tienes que volverte a dormir.  La cosa es que sigo caminando, cojo rutas inexploradas, doy pasos en magnitudes nunca usadas, voy cambiando hasta mi estilo de caminar, lo hago con la esperanza de destacar, o simplemente de regalarme a mí mismo un buen chiste para el camino.

Seguí caminando deseando que algo de repente me hiciera despertar, de pronto algún joven o tal vez la bocina de un carro, algo. De pronto hasta estaba esperando la muerte o simplemente una señal de algo. Realmente no lo sé. Mis pensamientos cambiaban con cada paso que daba entonces es difícil de decir que es lo que quiero. Bueno, iba caminando y decidí parar un momento y darle un vistazo a mi alrededor, solo mirar mi entorno mientras prendía un cigarrillo y pensaba en como esto no es divertido para alguien más. En realidad no lo entiendo. Usted, vaya afuera, fúmese un cigarrillo y mire a las personas, es una clase de circo si lo piensan bien. Somos todos animales haciendo cosas que yo creo que ni siquiera Dios pensó que lograríamos o nos atreveríamos a hacer. Es decir, Dios nos creó para estar en una especie de paraíso, caminando por ahí desnudos y riéndonos mientras comemos toda clase de comida, excepto manzanas por supuesto. Ahora todos somos un grupo de personas insatisfechas que siempre está buscando  algún tipo de aceptación cuando en realidad todo lo que necesitamos es un golpe en la cabeza que nos haga ver que estamos yendo detrás de las cosas equivocadas. Construyendo edificios sin unas bases reales y adorando a las personas equivocadas. Pero bueno, lastimosamente así es como funciona el mundo en el que vivimos y lo peor de todo es que estamos tan acostumbrados a vivir en este error que no hacemos nada por enmendar lo que claramente está mal hecho. Pero no culpo a nadie en especial ya que el culpable bien puedo ser yo o inclusive una persona a quien yo aprecie mucho. Todos, como dije anteriormente, hacemos parte de un circo que nunca deja de innovar en actuaciones que realmente nos dejan perplejos por su alto contenido de superficialidad y conveniencia personal.

Sin darme cuenta ya estaba relativamente lejos de casa, y la verdad no quería volver, no quería acobijarme ni quería sentir calor, me gustaba sentir lo que sentía así no fuese solamente frío. Me gusta sentir miedo, sentirme vivo de alguna manera, pararme bajo la lluvia y ver figuras que no existen allí pero si en mi cabeza. Recuerdo perfectamente haberme sentado debajo de un poste de luz, un poste de luz como cualquiera que pueden ver en la calle. Me quedé debajo de este poste bastante tiempo, no sé porque confundía la lluvia que caía con una especie de lluvia de meteoritos, en mi cabeza lo era y no tengo ni idea porque pero era realmente fascinante, por minutos estuve ahí debajo de esa lluvia viendo como se venía encima mio toda una galaxia de pensamientos y emociones que no supe como describir pero en ese momento me sentía totalmente extasiado. La escena me recordaba esas escenas de Star Wars cuando su nave espacial viajaba a la velocidad de la luz y la ventana panorámica de la nave se veía con estrellas infinitas de diferentes colores pasando rápidamente, cambiando constantemente y llevándolos lejos, eso quería en ese momento, ridículo pero lo deseaba con todo el corazón.

Mientras estaba allí sentado con mis pensamientos me vi interrumpido por una joven de unos 17 o 16 años. Le pregunté si tenía alguna clase de afán, le aclaré que no pretendía hacerle nada malo y que yo era relativamente igual que ella, solo que sin tanto arancel que me subiera el ego como a ella. Ella al notar una actitud despectiva de mi parte no se asusto, ni salió a correr como usualmente hacemos ante una situación así. Ella me pregunto qué quería, y me cuestionó el porqué de estar sentado bajo la lluvia y mirando el cielo como si el mismo Dios me estuviera saludando. La verdad no supe que responderle en el momento, simplemente le dije que si quería entenderme tendría que imitarme. Y lo hizo, no sé porqué, yo de ser ella hubiese salido corriendo y no volvería a pasar enfrente de ese poste, mucho menos si hay una persona de aspecto dudoso que le esta rindiendo un homenaje a la caída de la lluvia. Se sentó al lado mío, claro que de una forma más refinada. Sacó una revista de su bolso gigante y en ella puso sus pantalones de última colección. Para mi suerte no me atraen en nada las mujeres, mucho menos su cuerpo, pero ella tenía algo que la hacía realmente interesante, o eso pensaba. Le explique lo que estaba haciendo, se lo explique detalladamente. Le dije que muy cuidadosamente mirara hacía arriba y su mente se pondría a hacer el resto.

No supe cómo interpretar su mirada, no supe si había captado lo que yo quería o si había notado que estaba en presencia de una eminencia como yo o si simplemente se dió cuenta de que no hay que confiar en extraños. El asunto es que no bajó la mirada del cielo por un momento, yo no pude volver a subirla, por el miedo a no encontrar en el cielo lo que había visto previamente. No sé si sigo drogado, no sé si soy un soñador de esos que crean un mundo aparte para alejarse de la realidad. No sé si simplemente me gusta ver puentes donde solo pasan corrientes furiosas de agua, no sé si me gusta creer en unicornios cuando lo único que hay son caballos blancos, no sé si creer en la luz porque la oscuridad parece absorberlo todo. Pero en este momento creo en mi mente y en cómo esta trabaja para darle vida y alegría a factores que suelen ser desagradables como la lluvia.

La joven no duró mucho mirando hacia el cielo y la verdad ni creo que al imitarme le causara alguna sensación próxima a lo que yo sentía en el momento que miraba como esas estrellas se me venían encima, sentía inclusive paranoia de que se me viniera el cielo encima, ¿que ironía no?, menos mal no había Luna esa noche. Finalmente la joven simplemente me miró y me deseó una buena noche, la entiendo, probablemente tendría cosas que hacer y una casa caliente con un amor fraternal a la cual llegar a comentar la experiencia que tuvo con un idiota loquito en la calle. Ni idiota, ni loquito… pienso yo.  

Recuerdo haber odiado a esa joven, recuerdo haberla puesto en un altar en cuestión de segundos, recuerdo haberla despreciado por no reaccionar igual que yo y en ese momento supe que probablemente el que estaba mal era yo y no ella. Que de pronto debía comenzar a pensar en otras cosas diferentes, no en meteoritos que no existían en esa noche, no en Star Wars ni en escaparme en segundos a otro mundo, no. De pronto debería comenzar a creer en el amor, pensamiento que recuerdo me hizo reír bastante mientras caminaba hacia la nada. Pero en ese momento empecé a creer, en eso pensé toda la noche mientras fumaba y observaba, mientras soñaba y me imaginaba como sería, como se sentiría y si algún día lograría conocerlo.

Entre pensamientos ridículos me perdí esa noche, entre miradas extrañas me volví a reconfortar, entre licores varios ahogué mis pensamientos, entre humos diferentes perdí de nuevo el hilo de mí vida y con sonidos estrepitosos por fin cerré los ojos y callé a mi consciencia puritana y aburrida, esa que no quería escuchar esa noche, esa que decía lo que no quería escuchar. Simplemente me dejé llevar una vez más, perdiendo la razón, dejando de observar y dejándome llevar por la noche, me envolví en hipocresía, mentiras, sudor y besos varios, amor de momento, roces de dolor, desesperación y placer que más adelante la vida me cobraría. “Jódete amor”, pensaba mientras el remolino de emociones nublaban todo concepto perfecto que pude haber tenido durante mi trayecto.

Esa noche supe que moriría por amar, así el amor fuese noche, fuese dolor y agonía. Esa madrugada supe que alguien mataría por mí y que yo moriría por alguien, por todo ese concepto de amor que vomitaría en la mañana.